Crónica de Tharkinia 1: Predadores en los riscos.

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“ Bueno está bien, veamos si podemos quitarles unos cuantos caballos a esos señoritos tan elegantes” pensó para sí Hak Len Uxy conocido entre los suyos como “ el halcón de las Montañas de Bronce”, el mayor ladrón y contrabandista del que se tenía recuerdo o al menos así lo creía él.

Se pasó la lengua por los labios resecos, hasta a la sombra el calor lo golpeaba a uno como el martillo de una forja, aunque bien pensado , qué sabía él de forjas, en su vida solo había tenido instinto para robar y ese instinto le decía que aquella reata de acémilas que venía por el camino directa al cuello de botella donde él y sus hombres esperaban traía algo digno de ser reasignado a otros propietarios como a él le gustaba decirlo.

– Kepeck ven aquí – llamó en susurros a su segundo que se arrastró hasta allí como una culebra

– Mande jefe- dijo el otro, un hombrecillo con cara de comadreja mientras se frotaba las manos grasientas y cubiertas de anillo como una mosca ante una bosta de vaca

– Voy a bajar a saludar a nuestros extraños visitantes, vosotros aquí quietos hasta que os silbe, quizá se avengan a pagar sin problemas , mi reputación suele precederme.

Se levantó no sin cierto trabajo pues era cojo, otro de los nombres que se susurraba a sus espaldas era “ buitre tullido” pero las últimas palabras de aquellos que lo usaban solían ser un simple pero elocuente gorgoteo de sangre , Hak siempre había sabido hacerse respetar. Renqueando descendió entre los riscos con una agilidad sorprendente para alguien de su condición que, cuyo origen la verdad sea dicha, nadie conocía a ciencia cierta.Como toda historia sobre alguien interesante circulaban miles de versiones al respecto, cada una más rocambolesca que la anterior . Llegó al pie del camino casi al mismo tiempo que la caravana y se sentó en una de esas piedras tan casuales que siempre hay al borde de los caminos mostrando una expresión amistosa.

– La Bendición de todos los dioses caiga sobre vosotros buenas gentes, sois comerciantes ¿ Cierto? ¿ De donde venís?- dijo tratando de parecer en todo momento un peregrino amigable que descansa un rato. Un hombre a ,se adelantó, suspicaz , ricamente vestido , montado en un palafrén y con el típico gesto de superioridad que uno solo pone cuando la bolsa del dinero le pesa un par de libras.

– Despeja el camino perro rojo, somos una misión comercial bajo la protección del Alto burgomaestre de Stellia, Karl, hijo de Joseph, hijo de Henrich y si o nos dejáis pasar os perseguirá como las alimañas que sois- dijo aquel tonel muy seguro de sí mismo pero el otro o pareció enterarse, se entretenía haciendo muescas en una rama reseca con un cuchillo que más bien parecía una espada corta.

– Lo dudo, si todos esos “Poderosos Hombres Blancos” son como tú estas colinas serán su tumba- dijo con sorna sin desatender la rama y sus muescas.

En ese momento el jefe de la caravana volvió grupas y tronó con voz contrariada y un punto ansiosa “ ¡Escolta! Gánate tu bolsa de oro” . De entre la comitiva salió un hombre montando un sudado caballo de viaje, el salteador se percató enseguida de el jinete lucía de la misma forma que su montura, cansado y polvoriento, cubierto por un jubón guarnecido con anillas de hierro negro, parecía ser el líder pues el resto de troperos al verlo avanzar hicieron ademán de seguirlo pero él los detuvo con una mano.

– Mi nombre es Ken, me han prometido oro si esta caravana llega intacta a su destino y por los Fae que así va a ser. ¿Quién eres tú ,peregrino, para impedirnos el paso?- inquirió en un tono que soliviantó a su montura

– Estas tierras están bajo mi “ benévolo dominio”, el pueblo que tú tanto defiendes noble guerrero, aún a pesar de que compartas sangre conmigo- la afirmación hizo que un destello de ira brillara en los ojos del joven- confinó a los míos a estas colinas, hace siglos y en mi humilde opinión creo que ahora deben pagar un pequeño precio … digamos que para el mantenimiento de los caminos- añadió con sorna

– Mi patrón no piensa pagar, no tengo nada contra ti, hazte a un lado y nada ocurrirá- dijo el guardia con lo que parecía un deseo sincero de que las cosas acabaran bien.

– Vaya qué enternecedor, el gentil guerrero se preocupa por el noble peregrino- soltó entonces un penetrante silbido y la parte superior del desfiladero quedó entonces cubierta por la partida de Hak

Al ver aquello los hombres de la caravana aprestaron sus armas en un silencio tenso, expectante solo roto por el ocasional ruido de algunas piedrecillas que caían rotas y despedazadas, de las erosionadas paredes de aquel estrecho paso. “ Son demasiados y carezco de suficientes luchadores competentes , debo hacer algo o será una carnicería”.

– Espera un momento noble señor y amo del Camino, tengo algo que proponerte , pareces un hombre razonable- los ojos del otro brillaron con suspicacia pero aún así accedió , se estaba divirtiendo y Hak Len Uxi no era hombre que despreciara la diversión.

– Habla, si así lo deseas,en vista de que me tienes por razonable y en honor a la sangre que compartimos, te escucharé- de repente el vulgar salteador parecía revestido de una extraña dignidad, pero Ken no bajó la guardia.

– Ya que tú estás dispuesto a combatir y yo no estoy dispuesto a desperdiciar la vida de mis hombres en lo que sin duda será un combate completamente desigual te propongo que lo resolvamos con un combate a toda ultranza entre cualquiera de tus hombres y yo.- el otro tamborileaba en el mentón con los dedos cubiertos de alhajas, pensativo.

– Está bien -dijo al poco tiempo- mis hombres necesitan un poco de entretenimiento ¿verdad muchachos?- preguntó el otro volviéndose hacia su “público” como un actor de teatro, sobre él en las paredes del desfiladero, aquella manada de chacales de las colinas, todo pelo negro , pieles grasientas tostadas por el inclemente sol y dientes amarilleados, reían como hienas ante la idea de ver sangre derramada. Eran tierras duras aquellas- Haruk , aquí- y silbó como quien llama a un perro.

La multitud de asaltantes se removió por un momento dejando paso a un hombre que todos en la caravana, incluso Ken quien había visto según sus propias palabras “algo de acción en su vida “, juzgó un oponente temible. Medía casi dos metros, de miembros largos tenía unos andares desgarbados y despreocupados. Iba descalzo vestía un chaleco de desvaída gamuza, pantalones de pernera corta como los de los piratas sobre los que Ken había leído. La cabeza rapada estaba cubierta por un turbante azul. Sonreía torvamente y un aro de oro se bamboleaba en su oreja izquierda al andar, llevaba al hombro una enorme porra de madera tachonada de clavos que cualquier otro hombre no hubiera podido levantar ni siquiera una sola vez y terciada en la faja llevaba un herrumbrosa cimitarra en una vaina rota que dejaba media hoja a la vista.

– Soy Haruk , sobrino del jefe – habló con una voz grave y cavernosa como la de un gigante- mato gente si el jefe lo dice, los hombres me temen ¡ Comienza a temblar hombrecillo!- la voz de aquel hombre asustó a su montura pero Ken no se inmutó.

– Es hijo de mi hermana, es tan grande que al pobrecillo se le quedó pequeño el cerebro- dijo Hak Len Uxi y los otros le rieron la gracia- sin embargo tiene una fuerza extraordinaria y es muy útil a la hora de guardarme las espaldas. Lucharás contra él.

– Acepto el reto pero en vista de que él no tiene montura lucharé a pie , espada y puñal, que él use las armas que más le plazcan. Si yo venzo , nos dejarás atravesar “tus tierras”- dijo dijo mientras desmontaba y desenvainaba su espada Kezek – El fino acero veteado de varios colores provocó murmullos de admiración entre aquellos bandidos “ Una hoja de ópalo “ , “ un arma de la ciudad excavada” fueron algunas de las palabras que Ken pudo oír bajo el capacete de cuero.

– Tienes buen acero muchacho y hablas con palabras justas pero antes de que yo te conceda paso libre debes vencer, pero puedes no hacerlo. ¿Qué pasará si gana mi hombre?- inquirió el jefe de los bandidos alzando la voz. El guardia de caravanas se encogió de hombros fatalista.

– Haz lo que te plazca con el comerciante y sus bienes, si tu hombre me vence ya no serán más mi problema, solo te pido que respetes la vida de mis hombres- asintió el bandido con ademán grave

– Así será, puedo ver que eres un hombre de honor- mientras Hak decía esto el comerciante salió de la seguridad de la comitiva hablando airadamente y señalando a Ken con su huesudo dedo enjoyado

– Tú.. bastardo mestizo… eres un simple sirviente, no te atrevas a darme órdenes a mí, sin mi oro estarías mendigando, cubierto de tu propia inmundicia no….- la diatriba se cortó en seco cuando la aguda punta de Kezek hizo presión a centímetros del ojo del comerciante, la voz de Ken sonó fría y desconocida

– Por tu bien te aconsejo que calles ahora, no sabes nada de mí y en asuntos de acero todas las sangres son iguales, calla tu lengua si no quieres que vierta la tuya, solo te mantiene con vida el hecho de que juré llevar esta caravana a su destino y eso te incluye a ti- el comerciante enmudeció y Ken volvió su atención al combate

– Si estás listo muchacho…- bromeó Hak

– Tan listo como en cualquier otro momento, desata a tu perro y que el acero decida- fue la respuesta del joven, aún consumido por la rabia

– Haruk, mata al hombrecillo y traeme esa espada.

Sin esperar más órdenes el gigantón acometió dejando caer la porra hacia delante con una sola mano, un golpe que de no haber podido esquivarlo habría destrozado a Ken. Decidió usar el tamaño de su enemigo en su contra “ Los grandes suelen cansarse antes “ pensó .

Comenzaron un baile de golpes y fintas , Ken se movía como un bailarín sin ni siquiera molestarse en asumir una guardia coherente, los golpes de la maza caían como truenos a su alrededor sin llegar siquiera a rozarlo.

Llegado cierto momento Haruk comenzó a sudar y a resollar ruidosamente, confiado como estaba de su fuerza , nunca había tenido un oponente que le hiciera esforzarse realmente, todos caían a los dos o tres primeros golpes, viendo el estado de su oponente Ken aumentó la apuesta y lo condujo a una zona llena de rocas afiladas a fuerza de unos certeros mandobles que amenazaban con segarle las piernas.

Haruk retrocedió muy a su pesar pues en cuanto puso el pie sobre las rocas lamentó estar descalzo ese día, los afilados bordes cortaban sus pies a pesar de la gruesa capa de callo. Los mazazos se hicieron menos frecuentes, al gigante le costaba cada vez más mantener el equilibrio y ya no digamos pisar, harto de tanto baile lanzó un golpe a la desesperada con toda su fuerza pero Ken , quien había estado esperando ese momento desde el principio se hizo a un lado y descargó un tajo contra la parte trasera del tobillo seccionando el tendón y haciendo que su rival hincase la rodilla y acto seguido, con eficiencia de matarife, alzó la hoja y valiéndose de ambas manos le cercenó la cabeza al bandido cuyo enorme y ahora inútil cuerpo se desplomó sin más ceremonia.

Ken, con la negra melena cubierta de barro debido al sudor y el polvo que el viento traía al desfiladero, sacó un blanco y raído paño de la faltriquera y tras limpiar los restos de sangre de la hoja , la devolvió a su vieja vaina. Para su sorpresa el comerciante corrió a su encuentro y le entregó un collar de esmeraldas.

– Buen trabajo, mercenario, te lo has ganado- dijo lisonjero mientras se lo entregaba, como respuesta, el guerrero se encaminó hacia los bandidos aún expectantes y conmocionados por la derrota de su campeón para lanzarle la joya al “Halcón de las Montañas de Bronce”, acompañada de un seco “mis condolencias”.

La cara del contrariado burgués recriminándoselo mientras volvían a montar le divirtió lo que quedaba de viaje.

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