A todas las personas que llevo dentro.

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Hoy os quiero escribir y daros las gracias.

A ese niño que sale habitualmente para saborear un helado y jugar con sus sobrinos.

Al hombre tímido que se avergüenza de pedir la hora por la calle y al valiente que es capaz de dar su vida por sus seres amados.

Al marido preocupado de que no le falta de nada a su mujer y al hijo que daría la vida por sus padres.

Al hermano que se enorgullece de su hermano y al nieto que siente no pasar más tiempo con sus abuelos.

También al señor honrado que le gusta que las cosas sean justas y al pillo que, si se puede aprovechar en alguna situación, lo hace.

Al forofo del fútbol y al que le aburre ir de compras.

Al que le encanta comprar y al que odia gastar.

A ese que le gusta salir a dar una vuelta y al que se pasaría el día tumbado en el sofá de su casa.

Por supuesto, al trabajador, al que no se rinde, al que lucha y al que tiene sueños.

También al cobarde que tiene miedo, que tiene miedo de que todo se acabe, de que las cosas se estropeen, de que las cosas salgan mal.

¿Y cómo olvidarme del deportista?

¿O del amante de los chistes?

Y, claro, el que se ríe por todo y del que llora con nada.

Siempre he admirado al optimista, que suele estar acompañado del de la sonrisa constante.

Hay un hombre que no me gusta, el que pierde los papeles, pero detrás suele ir otro más pequeño recogiéndolos para que no se pierdan del todo.

El que más gracia me hace es el que baila sin música y canta sin saberse las letras y el que menos el que se queda dormido viendo una película.

Al nazi que cree que todo el mundo debería actuar bien y, cuando no lo hace, se ofusca.

Al hombre raro y a la vez exclusivo que le diferencia de todos y cada uno de los demás humanos.

Al pequeño hombrecillo que le encanta reírse de los demás y al soldado que le protege que sabe aguantar con su escudo las burlas.

Al maestro que le gusta enseñar y al aprendiz sediento de aprendizaje.

A ese señor tan defensor de la vida animal y al anciano que reniega de tener mascotas.

Al jugador de mus, y otros tantos juegos y al competidor extremo que no soporta perder.

Al hombre que necesita ir leyendo en el metro y al escritor que comparte lo que lleva dentro.


De nuevo, gracias a todos. Gracias a todas esas personas que llevo dentro.

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