Cartas de un girasol herido.

El tiempo lo cura todo, eso es cierto.
Pero más cierto es, que uno mismo
cura sus propias heridas. Somos quien
les da vendaje trato y dedicación para
que esas heridas sanen, cierren y se recuperen.
Pero después de ello queda una cicatriz, evidentemente.
Se puede ocultar, maquillar y pasar por desapercibido,
pero solo nosotros mismos sabemos que está ahí 
y la dedicación que le brindamos, esfuerzo, 
quizá un mar de lágrimas y desvelos para que la
 herida cerrara y quedara esa secuela, 
que al observarla nos trajera miles de recuerdos.
Y el recuerdo más importante es saber que en el 
proceso de cicatrización, nos volvimos otra persona. 
Una persona renovada, fuerte y segura de si misma, 
sabiendo que mediante ello nos impulsó a ser mejores, 
a seguir avanzando y sabiendo enfrentar cualquier adversidad  
que se volviera a presentar. 

marcela-m
Author: Marcela M.

Si no se puede expresar verbal o emocionalmente algo, que el arte de la escritura sea un reflejo de aquello inexplicable.





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