Crónica de Tharkinia 2: Aullidos en las llanuras

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Gracias a la intervención de Ken , la caravana pudo atravesar sin problemas las Colinas de Bronce, descendiendo por el paso del Martillo llegaron a las llanuras peladas del otro lado en pocas jornadas , con el ocasional contratiempo de alguna que otra rueda fuera del eje que hubo que volver a colocar , ya se sabe , si viajas a pie echarás de menos una carreta y si la llevas, la maldecirás hasta cansarte, por eso Ken prefería ir a caballo.

En la cuarta jornada después del duelo, ya a una distancia razonable de cualquier bandido de las montañas, el antiguo escudero decidió que era un buen momento para acampar, después de días en una vigilante calma, marchando de noche con las barbas sobre el hombro y atentos a cualquier piedra que se deslizase a sus espaldas. Por su puesto no sorprenderá al lector el hecho de que el “jefe” de la caravana no se opusiera lo más mínimo a la idea del guardia, más valía tenerlo contento después de lo visto.

Ken ordenó a sus hombres que formaran un fuerte con los carromatos y se acomodaran en el centro, protegidos entre unos pocos árboles no deberían tener sobresaltos, de todas maneras destacó centinelas y se adjudicó para sí mismo la primera guardia. Llevaba un rato recorriendo el perímetro del campamento cuando escuchó unos pasos desacompasados en la oscuridad.

– ¿ Quién anda ahí ? ¿ Quién viajaría solo en una noche como esta?- desenvainó su espada que aún en la oscuridad relumbró con brillos opalinos, un fulgor que aunque brillante, apenas destacaba en la oscuridad

– Paz, en nombre de los Primeros, paz cuando los lobos aúllan- solo soy un viajero que busca un lugar donde recogerse, vi el fuego y decidí acercarme pero lo que ahora veo es que solo en mi tierra se recuerdan las buenas costumbres.- el extraño lucía un sombrero gris de ala ancha y raída, camisa blanca, un machete terciado en la faja , y pantalones y chaleco otrora verdes, ahora ya pardos por el uso, se cubría los pies con unos extraños zuecos de madera con puntera de latón- permíteme señalar noble señor que tu acero es de una calidad legendaria, una hoja de ópalo de los Fae- Ken interpuso la espada entre ambos aún suspicaz.

– ¿ Quién eres, extraño ?- se puso en guardia pero el otro que parecía tan cómodo como si estuviese en una taberna se apoyó en su bordón y dijo

– Álfuns hijo de Humbo hijo de Olivrius, de los Valles Verdes, viajero , escritor y contador de historias- dijo mientras se quitaba el sombrero y hacía una reverencia – a tu servicio…

– Ken, Ken de Stellia – dijo el muchacho mientras le daba un apretón de manos, el cual fue correspondido con una mano callosa e inesperadamente fuerte- ven , permíteme reparar mi falta de hospitalidad, espero que lo comprendas, son tierras salvajes.

– Claro, siempre es bueno ser prudente, por estos lares y por todos- añadió tras una franca carcajada y como si recordase algo de repente, silbó , un silbido largo y penetrante, al poco rato aparecieron un perro negro de tamaño descomunal y un pony nevado cargado con unos pocos bultos- Te presento a mi montura Kalesa y mi perro Arconte, ven aquí muchacho, le dijo al enorme can y cuando este se acercó le rascó la oreja.

– Claro, sed bienvenidos, ven, ata a tu montura en uno de los carros, le encargaré a alguien que la atienda, además este enorme come-hombres puede ser de mucha ayuda con los lobos o cualquier otra visita,sígueme, he terminado mi guardia y estoy deseando calentarme y tomar un trago de vino mientras escucho historias, seguro que sabes alguna que no conocemos.

– De hecho mi hospitalario amigo, me encuentro en estas tierras tan lejanas a mi hogar porque estoy recopilando historias y cuentos sobre los Fae, aquellos a los que los sabios llama los Primeros Creados, una ardua tarea ,todo sea dicho, puesto que desaparecieron hace milenios- Ken estaba impresionado

– Mi..am… un hombre al que conocí cuando era niño había oído alguna historia respecto a esos antiguos seres si te interesa la opinión de una espada vagabunda quizá pueda contarte lo que sé , mientras tanto, podemos ofrecerte comida y refugio.

– Claro muchacho, todo el mundo es digno de ser escuchado, un oído inteligente puede aprender de cualquiera- dijo mientras le palmeaba la espalda

Ambos hombres llegaron entonces al centro del improvisado fuerte de carretas, los que descansaban junto a la hoguera se levantaron nada más verlos, desde aquel asunto en las Montañas de Bronce, los troperos a cargo de la caravana parecían reverenciar a su líder. Les buscaron un sitio a ambos y sin dar explicación alguna , el extraño viajero se encontró bebiendo vino mientras comía tajadas de una pierna de cordero que se asaba frente a la hoguera en un espetón. Ken ni siquiera hizo las debidas presentaciones, pensando en su anterior falta , decidió cumplir sobradamente con la hospitalidad y dejar que el viajero se saciase antes de iniciar cualquier conversación. Ahora a la luz de la hoguera, Ken se daba cuenta de que el hombre era más viejo de lo que en un primer momento había creído, aunque aun lucía sano y fuerte, sus manos y su rostro estaban surcados por arrugas y la cabellera era ya escasa y blanca , al igual que las barbas. Cuando el hombre pareció medio saciado llegó el momento de presentarle

– Muchachos, este es Álfuns de los Valles Verdes- dijo Ken a modo de presentación y el anciano hizo una reverencia y descubrió su cabeza de nuevo

– Podéis llamarme Al amigos , dime joven¿ quiénes son los que nos acompañan en este banquete?- pidió el viajero mientras llenaba de nuevo su cuenco y hacía circular la bota como si fuese un camarada más, Ken los fue señalando uno por uno.

Quinto y Servio, Igni puros criados bajo el dominio de Stellia, Gormak, un pendenciero ladrón de ganado de las llanuras doradas más al norte de allí. Magnus, un gigante rubio del sur de la Península Stéllica. Todos fueron inclinando la cabeza o pronunciando un gruñido a modo de saludo conforme fueron nombrados, el viejo les sonreía como a verdaderos amigos.

– Y conmigo somos seis – dijo Ken con una sonrisa- falta Reivy, el mejor jinete, está explorando los caminos que hay más allá, es de tu tierra amigo mío- le dijo al anciano

– Maravilloso- exclamó- pocas veces me encuentro con alguien de casa, puedo seros bastante útil no hay tierra accesible al hombre en la que no haya puesto mis maderekas – dijo haciendo chocar sus extraños zuecos, todo el mundo los miró pero si pensaron algo , nadie lo dijo- Podéis llamarme Al

– Nos dirijimos a Shanti Nur, la gran ciudad excavada de los Igni al sur, vamos a cambiar hierro y plata de Stellia por artesanía y ópalos de las minas. De todos nosotros solo Reivy ha hecho antes esta ruta , por eso entre otras cosas lo envié a echar un vistazo ¿ Qué puedes decirnos tú sobre lo que nos espera?- preguntó Ken mientras tomaba un trago de vino

– Hace años que no bajo tan al sur, a medida que envejezco mis rodillas duelen más a menudo y mi corazón suspira por el verdor de aquellos escarpados valles que me vieron nacer, tanta llanura llena de tierras y ovejas y tanto desierto agotan el alma, pero estoy divagando- otro tiento al cuenco- antes de llegar a la Ciudad Roja Bajo la Tierra, deberéis atravesar las Llanuras Grises, una estepa llana y cubierta de una escasa hierba plateada solo útil para el pasto y poblada por los Gatki , los señores de los caballos que tienen su imperio allá donde pisen sus monturas. Tengo entendido que ahora es Gakmu Jan quién dirige el clan más grande, si es así mi llegada está motivada por el destino puesto que los nómadas me llaman Uluk Madr, pies de madera, por una casualidad hace muchos años me hice amigo de su abuelo, si voy con vosotros podréis pasar sin mayores problemas hasta la Ciudad Roja.

– En ese caso eres doblemente bienvenido Al- proclamó Ken y el resto de troperos asintió en señal de conformidad. El anciano enrojeció y se pasó los dedos por el bigote repentinamente azorado , como si no esperase recibir aquel trato.

– Entonces, Quinto, haz un favor a este anciano y tráeme un par de botellas verdes de mis alforjas-

El joven hizo lo que se ordenaba y entonces los troperos presenciaron algo que nunca habían visto y algunos ni siquiera oído. Al extrajo el corcho ayudándose de una pequeña navaja y escanció el contenido alzando la botella sobre la cabeza , de forma que el líquido ambarino se estrellase contra el canto del recipiente al caer. Le dio el primer trago a su improvisado anfitrión.

– Bebe muchacho, zytos de buena manzana, salió de la tierra ,no ha de ser muy dañino, pero te emborrachará si no tienes buen tino, o eso se canta en mi tierra- Ken bebió y también los otros, hasta que una a una, en poco tiempo , secaron unas cuantas botellas y su dulce picor les llenó las bocas.

Con el calor del zytos en la panza, la reservada lengua de Ken ganó suficiente valor para preguntarle al anciano sobre su extraña búsqueda de los Fae y qué sabía de ellos. Entonces el anciano ordenó silencio y todos se reunieron entorno a él como en su día hicieran con sus abuelos en los ya lejanos días de su infancia.

– Veréis- dijo el anciano con repentina solemnidad- los sacerdotes de distintos pueblos tienen a los Fae por dioses mas si bien es verdad que en comparación a nosotros estuvieron tan avanzados como lo está el acero con respecto al bronce, no son dioses- hablaba como un filósofo, con una voz profunda que invitaba a escuchar- fueron creados, al igual que vosotros , por unas entidades eternas que a su vez “nacieron”, no se me ocurre otra forma de decirlo, de el Ser Último, aquel que no da cuentas a nadie- Servio alzó la mano como un colegial- ¿Sí Servio?

– Me preguntaba.. señor.. si usted dice que ellos fueron “creados “- lo dijo como quien habla de una cosa mal hecha- ¿Significa eso que son como nosotros? Siempre he oído allá donde iba a quien sabía de ellos que eran seres magníficos , capaces de cosas maravillosas- se calló repentinamente.

– Sí ellos son como nosotros en el sentido de que fueron creados por los mismos que nos crearon a nosotros, pero son seres hechos de luz, completamente distintos, y sí, son capaces de cosas maravillosas pero también terribles pues son tan rápidos en el amor como en el odio y muy diligentes en ambas cosas- esta vez fue Ken quien levantó la mano –

-Vuestro líder tiene una duda- bromeó el anciano.

– ¿Vivieron alguna vez entre nosotros Al?- preguntó Ken con un brillo de curiosidad en los ojos

– Sí , al principio de los tiempos vivieron entre tu pueblo, cuando erais un solo pueblo, de hecho me parece que tú tienes una prueba de ello, desenvaina tu hoja y mírala atentamente – así lo hizo, dejando la hoja descansar sobre su regazo como las estatuas de los antiguos reyes, todos se acercaron a verla-

-¿ Veis como brilla?- los otros asintieron – no fue forjada en la ciudad excavada como se cree, los Kézikos son grandes herreros que aprendieron de los Fae pero algo así escapa a cualquier técnica de los humanos. Esa espada que llevas al cinto, es una hoja hecha de ópalo, forjada con el canto de los Fae que mezclaban luz y piedras preciosas en sus fraguas creando materiales resistentes y maravillosos, La forja humana es una pobre copia de las artes de los Fae, ellos detestan el acero.

– Pero ¿Por qué reacciona como acero con otras hojas?- preguntó Gormak pero antes de que Al pudiera responder se vio interrumpido por un súbito bostezo y Ken decidió acallar las charlas en deferencia a su nuevo compañero.

– El alba llega pronto y debemos continuar, el que tenga guardia a ello, los que no, a dormir, despertadme al alba si no hay novedad- y dicho esto echaron más leña a la hoguera y se fueron a dormir cada uno con sus pensamientos, Ken soñó con su amo y brillantes hojas de ópalo.

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