Navidad en Apuros.

Manda la tradición que el árbol de Navidad quede puesto el puente de Diciembre... lo de los regalos bajo él ya es otra historia.

Había una vez, en un pueblo muy muy lejano, un colegio que estaba esperando con gran ilusión el día en el que, por fin, la Navidad llegase a sus aulas.

  Habían decidido, entre todos los niños y niñas, decorar la biblioteca con bonitas guirnaldas, luces resplandecientes, bolas de colores y un maravilloso árbol de Navidad. El día sería increíble, pues todos sabían, que la clase tendría los adornos más bonitos del mundo. Además, escucharían villancicos y podrían compartir con los demás una experiencia única en el año.

  Lo mejor de todo era estar con los amigos en un día tan especial.

  Sin embargo, esa mañana, nada más llegar a la biblioteca, se dieron cuenta de que algo extraño estaba pasando. ¡Había un ser verde disfrazado escondiendo los adornos y regalos!

  El Grinch, lo llamaban, era especialista en arruinar la Navidad.

  Solía comerse todos los polvorones posibles sin compartir, a veces, se llevaba a su cueva los regalos de los niños y otras dejaban sin adornos los colegios. Además, solía engañar con disfraz de papá Noel y su gorrito de navidad. Era alguien que, sin duda ¡había que frenar!

  Pero, ¿qué podían hacer los niños y niñas para poder encontrar los adornos?

  Todos se miraron inquietos hasta que uno de ellos dijo: ¡Vamos a buscarlos!

  Los alumnos se pusieron rápidamente en marcha recorriendo la biblioteca aquí y allá. Mirando debajo de las sillas y mesas, por los rincones, por los estantes y ¡entre los libros!

  Poco a poco se dieron cuenta de que el Grinch a pesar de su odio hacia las fiestas, no era muy astuto pues todos los adornos estaban a plena vista casi, ¡sin disimular! Fue más fácil encontrarlos de lo que habían esperado.

  Así que el problema se resolvió rápido.

  Cuanto los tuvieron todos reunidos decidieron invitar al Grinch a montar el arbolito. Tal vez así, dejase atrás su enfado y pudiese disfrutar más de uno de los días más bonitos del año.

  A regañadientes, el malvado ser terminó aceptando, parecía divertido aquello de enrollar guirnaldas alrededor de las cosas y colocar luces de formas novedosas.

  Finalmente, todos pasaron un día mágico compartiendo y disfrutando de aventuras, de amistades y de regalos como premio a su gran esfuerzo y, por supuesto, a su victoria.

  Y colorín colorado, este cuento navideño se ha acabado.

Sara B. Green

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Author: Sara B. Green

“Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”





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