El aroma de las páginas.

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Eran varios hermanos, demasiadas bocas y mucho trabajo. Jonas dejó su casa apesadumbrado y convencido de qué hacía lo correcto, pero sabiendo qué de su monótona labor cotidiana, su hermano Juan, se haría responsable para aliviar la carga de trabajo a sus padres.
Él no estaba hecho para la vida en la granja, su inquietud iba más allá. Amaba los libros y perderse entre sus páginas era su mayor satisfacción.
A media jornada de camino, cansado, se sentó a los pies de un sauce y se quedó adormilado. Sintió congoja. ¡Tantas veces había soñado bajo los árboles al amanecer mientras leía su desgastado libro, El lazarillo de Tormes! Que allí mirando temblar las hojas pensó en como ahondaban sus raíces al viento. Acarició la tierra y absorvió su aroma; esa tierra que desde su cuna le viera nacer y qué algún día deseaba le diera sepultura para formar parte de los despojos que la alimentan.
Continuó su camino hasta la ciudad donde logró un puesto de trabajo en el periódico local, cuyo futuro se fue convirtiendo en el nido vago de sus sueños. Allí trabajó con firmeza y aún le sobraría tiempo para sentarse en su butaca a disfrutar de la lectura de un libro; era cuanto necesitaba, nutrirse de sus páginas, vivir y sentir las emociones de sus aventuras y desventuras.
No obstante, no se olvidó de sus padres y hermanos, a los que enviaba regularmente dinero para que pudieran vivir con más desahogo. A medida que ascendía de aprendiz a oficial y posteriormente a jefe de imprenta; Jonas iba adquiriendo cada vez más libros que fue apilando uno, tras otro, en su rincón preferido, al que solía llamar; «mi espacio sosegado».
Algunas veces volcado en la lectura alcanzaba a romper perezosamente la madrugada que envuelta en una espesa y fría bruma, cuajaba poco a poco la brisa nocturna.
De pronto se encontró sumergido en un océano vaporoso, en cuyo fondo se diluían algas y helechos con sus contornos de corales. Al instante cómo un déjá vu se contrajo en el espacio de un extraño cosmos, que parecía barruntar malos augurios más allá de su horizonte inmenso en un espacio invisible, pero imperfecto.
Despertó ofuscado, tras haber caminado, navegado y viajado entre neblinas mientras soñaba.
Dejó el libro que le había incitado a surcar tan diversas aventuras, algunas extrañas en demasía, sin embargo, no por ello menos apasionantes; El Nautilus. Pensó que las entrañas de todas las cosas, parecían haberse licuado entre las páginas de los libros, alimentándose de su material y de sus letras. Sobre el papel de los libros su mente y cuerpo surcaban mares flotantes, viajando en barcos de vapor, para después bajar a las aguas asentadas del riachuelo, de donde la niebla surgía.
A ratos se distendía a trechos la bruma y entonces la añoranza por la granja y su familia emergía irremediable en su cabeza, sobre las casas, los árboles, los pastos; destacando el acusado relieve en el campo donde a los pies del árbol se sentaba a leer su libro, cada vez qué su madre le enviaba a por provisiones a la ciudad.
En muchas de ellas tenía la sensación de haber vencido al sol. Y después de todo ¿qué iba a hacer, sino tenía el consuelo que irradiaba la vida entre aquellas páginas? ¿Qué más podía desear cuando lo tenía todo? Trabajo, salud, casa y montones de libros con los que llenaba su vida de fructíferos viajes por diversos mundos.

—Tío Jonas, papá dice que dejes la lectura, la cena está en la mesa. Ya he terminado el libro tío, ¿me dejarás leer otro?

—Claro que si, anda ve y dile a tu padre que voy enseguida.

Cerró el libro y sé quedó observando al joven que había heredado su misma inquietud y pasión por los libros. Sólo deseaba que tuviese una vida tan intensa como la suya fuera de la granja, la cual regentaba su hermano Juan, desde que su otro hermano Isaac había muerto años atrás bajo el peso del carromato en un accidente cuando se disponía a reparar una de sus ruedas.
Jonas tras jubilarse decidió regresar con su familia y pasar junto a ellos, los años de la vejez disfrutando del inconfundible olor de las páginas de un libro y el sosiego de la tierra a la que amaba tanto como a la lectura.
Author: Nuria Sánchez

Escritora y Poeta autodidacta. Con 5 poemarios publicados, 3 novelas y participe de más de 35 antologías de narrativa y poesía. Con diversos premios en narrativa y poesía. Participo en diversas Revistas digitales y en papel y en diversas webs de literatura





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