Mortown. El último trabajo de Jimmy #1

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CAPÍTULO 1

– Entonces… ¿Me cargo a la chica y se acabó?, ¿Eso es todo? – Preguntó extrañado.

– Sí, Jimmy, eso es todo. No habrá más encargos ni más amenazas. Serás libre de ir a donde quieras – respondió un hombre de avanzada edad y afiladas manos que acariciaba su brillante anillo de oro. Estaba sentado en un sillón de cuero y entre ellos se hallaba una mesa color ocre llena de dosieres amarillos y rojos.

Jimmy era un hombre de acción, un asesino a sueldo enfundado en una gabardina negra que aterrorizaba y protegía las noches de Mortown. Su aspecto era de lo más siniestro, tenía el pelo corto moreno, un porte de guardaespaldas y siempre lucía un impoluto afeitado, quizás fuera para mostrar las numerosas cicatrices que poblaban su cara o por la violencia que sufrió a manos del cura Miller, el cual le obligaba a rasurarse con ocho años mientras el pervertido se masturbaba en la sala contigua.

Como fuere, ahora Jimmy sacaba la basura de la ciudad en forma de cadáveres apilados en los muelles. Malvados violadores, santurrones sedientos de poder o prostitutitas extranjeras eran sus objetivos preferidos, aunque no siempre arrancaba los corazones que deseaba. Estaba sujeto a unas leyes que lo ataban de pies y manos. Si por él fuera, purgaría toda la ciudad de la escoria que se hacinaba en las calles como ratas pensando en cómo ganar unas monedas a cambio de vender sus almas. «Este sitio está podrido» pensaba cada noche en la soledad de su apartamento.

Jimmy miró el dosier amarillo desde su silla y pudo ver la foto de una niña de apenas nueve años. Tenía el pelo moreno, los de ojos claros y la sonrisa afable. 

Un semblante de repugnancia se plasmó en su rostro.

– ¿Por qué me miras con esa cara de asco, Jimmy? Parece que fuera tu primera vez. No eres el único exterminador, ¿sabes? puedo encargarle el trabajo a otro – dijo el hombre dedicándole con una mueca maliciosa y dejando ver sus amarillentos dientes. Su piel era pálida y su complexión extremadamente delgada. No tenía barba ni cabello, de hecho, no tenía ni un solo pelo en la cabeza. Sus ojos eran de un azul tan claro que casi se mimetizaban con la esclerótica blanca. Vestía un impecable traje negro y llevaba un pin plateado en la solapa con la forma de un reloj de pared. 

– No, es solo… – hizo una pausa que duró una eternidad. Aquella foto le recordó a alguien muy querido para él. -Nada. Me lo quedo.

– Muy bien, Jimmy. Lo estás haciendo muy bien. Eres el mejor exterminador, confío en tus habilidades para completar este delicado trabajo. No tengas compasión.

– Es una simple niña, Cronos. – No era su nombre auténtico, era evidente,  pero se desconocía su nombre real.  Su obsesión con el tiempo le había llevado a adoptar ese apodo. Cronos decidía en que momento moría una persona en Mortown.

– No te confíes. Las apariencias engañan. ¡Mírate! Cuando te encontré no eras más que un pobre y asustado monaguillo de la iglesia de Saint Christ. Tuve que atravesarle el cráneo con un crucifijo al bueno del padre Miller para sacarte de ahí y enseñarte lo dura que iba a ser tu vida a partir de ese momento. Ahora te has convertido en el héroe de esta gran ciudad. Estoy muy orgulloso de ti.

– Me convertiste en un puto asesino, cabrón. En un títere. Pronto escaparé de tus jodidos hilos y no volveremos a vernos. – Cronos rio. Su fuerte no era la cordura mental.

– Tiempo al tiempo, volverás arrastrándote y yo te acogeré de nuevo entre mis dulces brazos, pequeña máquina de matar – comenzó a reír a carcajadas como un lunático.

Jimmy arrugó el gesto y se levantó violentamente del asiento. Lanzó una última mirada de desprecio a Cronos y se marchó de la sala dando un portazo. Aquel hombre lo había salvado de las frías calles, eso es cierto, pero le había condenado a un destino peor que la muerte.

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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