Mortown. El último trabajo de Jimmy #10

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Jimmy se aproximó al armario donde se ocultaban las chicas y dio dos golpes rápidos y uno lento con el dedo índice en la puerta. Verónica salió fugaz del escondite y abrazó a Jimmy. – ¡Maldita sea, Jimmy! Tu trabajo nos va a matar – exclamó propinando un puñetazo en el pecho del hombre. Julieta aún se encontraba sentada en el pequeño armarito agarrándose las rodillas en posición fetal y vestida con un camisón blanco. Continuaba con la mirada perdida, su mente parecía estar a miles de kilómetros y su cuerpo se mantenía a base de vagos impulsos de energía.

– Lo siento. La cosa se ha complicado con Cronos. En casa de Drexler te lo explicaré todo.

– Drexler es un putero y un loco de las armas, seguro que nos dispara mientras dormimos o algo peor… – Verónica se cruzó de brazos y miró hacia Julieta.- Esta pobre niña ya ha sufrido bastante.

– Drexler es un buen tipo, Verónica. Confía en mí. Además, me debe una y las promesas son lo único sagrado que tenemos los exterminadores. Nuestra palabra y nuestra arma. -Era irónico, pues todo aquel embrollo empezó con una promesa rota. Una niña que Jimmy prometió muerta y ahora sentía que debía proteger. – Viste a la niña y vámonos de una vez.

Verónica terminó de hacer la maleta y le ofreció a Julieta un vestido azul de tirantes que en su día Jimmy le compró para ella. Tenía un estampado de flores blancas y le llegaba hasta las rodillas. También le puso unas zapatillas blancas de cordones que le estaban anchas de más y le recogió el largo pelo negro con un lazo rojo. Aquel modelo, digno de pasarela infantil, contrastaba con las numerosas tiritas, quemaduras y heridas que cubrían su pálida piel, y su triste rostro.

– Ya estás guapa, Julieta – dijo Verónica sonriendo arrodilla frente a ella. La niña la miró con incredulidad y dos lágrimas brotaron de sus ojos. No hubo llanto, ni siquiera un leve quejido, solo agua y sal. Julieta abrazó a Verónica y desahogó en silencio la tortura de aquellos días. Parecía que poco a poco estaba volviendo en sí.

Las chicas salieron de la habitación de Verónica agarradas de la mano y se dispusieron a ir a casa de Drexler. La armería que regentaba estaba a una hora andando del piso de Jimmy. El hombre miró a la pequeña Julieta y le fue imposible no acordarse del día en que encontró a Verónica. El vestido fue su primer regalo y también de los pocos que pagó con dinero. Echó un último vistazo a la casa y la despidió encarando la astillada puerta. Pasó por encima de Piccolo y le dedicó una mirada melancólica a Salvatore. 

– No entiendo porque no podemos ir en coche como la gente normal – protestó Verónica sorteando el cuerpo sin vida de Piccolo de un salto.

– No. Los coches son peligrosos, y si no mira lo que le pasó a Nathan. Tuvo una discusión con su camello y Francis Cocaína le puso una bomba en el coche. –

Francis Cocaína era el que manejaba el tráfico de droga en Mortown. Se cambió el nombre para que todos tuvieran claro a que se dedicaba. Cada gramo que se movía por la ciudad, pasaba por sus podridas manos y su politoxicómana nariz.

– Pues una moto al menos…

Mientras Verónica y Jimmy discutían sobre cómo iban a llegar a la armería. Julieta se acercó al empalado Salvatore y vio en la solapa de su chaqueta algo que le llamó la atención, un pin plateado con la forma de un reloj de pared. Estaba ensangrentado, pero aún se distinguía la silueta. Lo sacó con delicadeza y se lo guardó en un pequeño bolsillo que tenía el vestido cosido en la parte delantera.

– ¡Vamos, niña! – le instó Jimmy desde la escalera. – No te retrases. – La pequeña dejó en paz el cadáver del exterminador italiano y comenzó a bajar los torcidos escalones con sumo cuidado.

Los tres se detuvieron en el descansillo que daba al exterior del edificio.

No se atrevían a salir.

Pero el día estaba soleado.

FIN DEL CAPÍTULO 1

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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