Mortown. El último trabajo de Jimmy #12

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Verónica se detuvo en una tienda de ultramarinos para comprar algo de comer, mientras que Jimmy vigilaba la puerta azul de la tienda y esperaba impaciente a que las chicas saliesen. La calle era solitaria y las farolas habían empezado su tétrica procesión de destellos y sombras. Titilaban como si les costase levantar de un largo sueño. Incluso las máquinas odiaban este lugar.

Una moto rugía impertinente en la lejanía. El ruido se acercaba cada vez más y rompía el único momento de tranquilidad en todo el día. Dos tipos vestidos completamente de negro y tumbados sobre una motocicleta gris cruzaron la calle a toda velocidad. Llevaban unos cascos integrales que les cubría la cara, pero Jimmy pudo reconocer el logotipo de un reloj plateado en el casco del que iba sentado atrás. Detuvieron el vehículo al final de la carretera y dieron la vuelta derrapando. Jimmy entró rápidamente a la tienda repleta de estanterías y de productos alimenticios buscando a Julieta y Verónica. Solo tuvo tiempo de gritar «¡Al suelo!».

Los motoristas tirotearon el establecimiento hasta que sus percutores no pudieron escupir más balas. Los productos volaban y se pulverizaban en el aire como ceniza cayendo de un incendio. Los proyectiles se topaban indomables contra el metal de las estanterías. Los gritos de los consumidores más lentos cesaban al caer al suelo, al menos había diez personas más en la tienda sin contar a los dos dependientes, solo sobrevivió un tipo gordo llamado Carl, el cual salía cada noche de su cuchitril en busca de una pizza congelada, dos bolsas de ganchitos y una bebida azucarada, la combinación perfecta para disfrutar de su serie favorita sentado en su incómodo sofá marrón que ya tenía la forma de su gran trasero. Una lástima que Carl muriera varios meses después de un infarto al corazón, sus endurecidas arterias, repletas de colesterol, no soportaron ni un día más.

Jimmy gateaba por los escombros de la tienda en busca de las chicas. Pudo ver entre la cortina de polvo y yeso a Verónica y Julieta escondidas en el lavabo que se presentaba al fondo del establecimiento, justo en dirección contraria a la entrada. Su posición actual requería abandonar la estantería que le ofrecía buena cobertura para alcanzarlas. Sacó el revolver de su chaqueta. Sabía que los exterminadores aún seguían en la puerta. Esperaban el momento adecuado para terminar la caza.

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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