Mortown. El último trabajo de Jimmy #13

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Jimmy escudriñaba a los dos hombres a través de los agujeros de las estanterías metálicas. Permanecían sentados en la moto apuntando con los subfusiles al establecimiento y rastreando cualquier vestigio de vida. Jimmy abandonó la cobertura para refugiarse en lo que quedaba del mostrador, por el camino lanzó un par de disparos a los agresores que contestaron con una lluvia de balas. Jimmy alcanzó a uno de ellos y un desgarrador grito femenino se escuchó en toda la calle. Era una mujer, eso estaba claro, pero Jimmy solo recordaba a una exterminadora en el gremio, una que se ganó su libertad años atrás.

Las sirenas de la policía comenzaron a sonar en la distancia. Los motoristas abandonaron la disputa y se marcharon con el rugir de un motor que juraba venganza. Jimmy por su parte alcanzó a las chicas y juntos  abandonaron la tienda por la puerta trasera. Verónica y Julieta tenían la ropa cubierta de polvo blanco y algunas heridas superficiales provocadas por los cristales. Julieta continuaba con su inexpresiva cara, era como si nada de lo que sucediese a su alrededor la sorprendiese lo más mínimo. Verónica estaba temblando.

– Jimmy he perdido la maleta con la ropa, los libros y los utensilios médicos – dijo la chica apoyando la pared contra un muro de ladrillos rojos.

– Mañana volveré a por ella. Si aún sigue ahí, la recuperaré. ¿La niña está bien?

– Sí, nada que lamentar. Esta vez ha estado muy cerca.

– Lo sé – contestó Jimmy bajando la mirada. Se habían salvado por la mínima. -La armería de Drexler está muy cerca. ¡Vamos! Antes de que aparezcan más.

La niña se acercó a Jimmy y le señaló la zona abdominal. – Estás sangrando. – Era verdad, una bala había alcanzado el costado izquierdo del hombre y una mancha en la camisa negra se hacía cada vez más grande ocupando casi toda la parte delantera.

– No te preocupes, pequeña – dijo con una sonrisa forzaba que no cuadraba nada con su aspecto. – Verónica me curará cuando lleguemos a casa de Drexler.

Continuaron la marcha hasta la armería. El dolor que sentía Jimmy a cada paso era una tortura, en ocasiones le costaba incluso respirar, pero intuía que la herida no era mortal. El exterminador había sufrido demasiadas heridas en el pasado como para saber cuáles podrían matarle y cuáles no.  Debía seguir protegiendo a Verónica y nada iba a impedírselo.

Un edificio alto de un color blanco roto se presentó ante ellos. El negocio estaba instalado en la parte más baja y un cartel les daba la bienvenida «La armería de Drexler», rezaba el luminoso de color rojo y letras azules.

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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