Mortown. El último trabajo de Jimmy #2

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Jimmy caminaba silencioso  por las lúgubres calles de Mortown. La noches en aquella ciudad olían a perversión y pecado, un hedor tan penetrante que había dejado de hacer mella en Jimmy. De hecho, le estimulaba, el simple pensamiento de dejar de oler a orina y a alcantarilla por unos minutos, le excitaba más que las piernas de cualquier dama.

Observaba cuidadosamente a los hombres y mujeres que se cruzaban en su camino. Nadie escapaba de su juicio moralista. Imaginaba a esos seres repugnantes como auténticos demonios traídos del infierno. Pocos se salvaban de una muerte inventada en la mente de Jimmy.

Llegó a un portal. Un bloque de adosados rojos cerca de la carretera. El marco estaba reventado y las alimañas campaban a sus anchas por las escaleras previas a la puerta. Un número, el tres, se alzaba orgulloso entre tanta inmundicia, parecía un soldado moribundo ondeando victorioso la bandera tras una dura batalla. La puerta estaba entreabierta.

Jimmy se enfundó unos guantes de cuero negro y cargó su revólver, realizaba aquellos movimientos como un ritual, como si lo hubiera hecho miles de veces. Respiró hondo y, al espirar, el vaho se hizo patente, un recordatorio tétrico de las gélidas noches de Mortown. Apartó a las ratas con un fuerte pisotón para abrirse camino hacia el edificio.

Asomó un ojo por el marco y poco a poco fue abriendo la puerta. La casa estaba oscura, pero la luz de las farolas iluminaba lo suficiente como para ver que no había nadie. Jimmy entró en un salón revuelto con todo tipo de muebles desperdigados por el suelo. Cristales rotos crujían bajo sus botas y un par de jeringuillas usadas reposaban sobre una mesa improvisada que estaba cerca de un sofá con los muelles a la vista. La cocina, si a eso se le podía llamar cocina, estaba destrozada. El frigorífico vacío parecía una canoa sobre la que surfear entre los escombros.

– ¿Qué cojones es esto? – dijo Jimmy en voz baja. Unas escaleras hacia el piso superior se presentaban ante él. Allí abajo no había nada más que ver. 

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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