Mortown. El último trabajo de Jimmy #4

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El dulce rostro de la niña que había visto en el dosier se había convertido en un desfigurado ángel de pelo negro. Sus ojos no mostraban emoción alguna, era como si estuviera completamente desconectada del mundo que la rodeaba. Jimmy la observaba en silencio como un padre que ve sufrir a sus hijos sin poder hacer nada. Numerosas heridas se arrastraban por su cara. Quemaduras, aún ardientes, le marcaban la piel y el alma. Jimmy había perpetrado crímenes atroces en las hediondas calles de Mortown, pero aquello le superaba. De pronto, recordó el nombre escrito en la hoja de papel junto a la fotografía. Julieta Stone.

– ¿Eres Julieta Stone? – Preguntó con delicadeza intentando no molestarla de su vigilia.

La niña pareció reaccionar al nombre. Asintió con las últimas fuerzas que le restaban y sus ojos azules se apagaron. Al instante, dejó caer pesadamente su cabeza contra el pecho del hombre.

Por una fracción de segundo, Jimmy pensó en terminar el trabajo. Nadie sabría de su crimen y la inmundicia encubriría todo rostro de su presencia. Solo tenía que sacar un cuchillo y poner fin a la vida de la niña. Él sabía muy bien lo que era llevar una carga tan pesada sobre unos hombros tan jóvenes, le haría un favor. Cronos le dejaría en paz y se alejaría de la decadente ciudad. Aunque era tan parecida a ella que le helaba la sangre. No pudo hacerlo. Era el encargo más fácil que le habían encomendado y, a la vez, el más difícil.

– Maldita sea. Ahora tengo que cuidar de otra niña. – Levantó el liviano cuerpo de la chica y la acomodó entre sus brazos, la chaqueta de Jimmy la ocultaba y protegía del exterior. Abandonaron juntos el lúgubre edificio.

Jimmy caminaba veloz y solitario bajo las farolas enroscadas de Mortown. Tan solo unas prostitutas se pusieron en su camino, las cuales despachó rápidamente con unas monedas. No convenía enemistarse con Madame Kalet. Aquella mujer tenía demasiado poder en una ciudad donde el pecado era la ley.

El exterminador estaba próximo a su destino y susurraba de cuando en cuando palabras de esperanza sobre la maltratada ánima Julieta «Aguanta, pequeña. Aguanta », aunque ella ya andaba sumida en la más absoluta oscuridad. 

Author: Stonergëk

Que la inspiración te pille despierto.





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