Recuerdo 5: Acampando en Putre.

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Recuerdo 5: Acampando en Putre

Es el verano de 2004 y no hay mucho que hacer, la poca plata que manejo la guardo para carretear el fin de semana y el resto de los días me entretengo viendo tele o tocando guitarra. Así corría febrero, cuando a mi amigo A se le ocurre ir a Putre a un carnaval que había allá. Yo no tenía idea de que se trataba ni como era, así que le dije que sí enseguida.

Hicimos los preparativos y nos fuimos a Putre el 24 de febrero, mi amigo A, su hermano O y yo. La idea era acampar allá (pésima idea) y disfrutar de la fiesta todo el fin de semana. Ya en Putre buscamos un sitio donde acampar y luego de hablar con algunas personas, nos indicar donde podríamos instalarnos, no sin antes decirnos que era una muy mala idea por el frío de la noche. Nos instalamos y dejamos a O en la carpa ya que se sentía horrible por los efectos de “la puna”, A decide quedarse con él y yo me voy a recorrer el pueblo para conocerlo y sacar algunas fotos.

Recorría las polvorientas calles cuando, de súbito, escucho música y unos bombos que denotan que se está celebrando algo. Sigo el ruido y llego a la municipalidad con el jolgorio en pleno auge. Tímidamente me acerco al pórtico y se acerca una mujer que me invita a pasar y me pasa una lata de cerveza, sin pensarlo me uno a la fiesta y me doy cuenta que en realidad es una ceremonia. Como buen afuerino, miro todo en silencio y procurando no ser un estorbo en la ceremonia que tiene un carácter ancestral y muy sagrado, pero casi sin darme cuenta empieza la música de nuevo y una especie de ronda que involucra a todos los asistentes, la misma mujer que me invitó a pasar me toma la mano, me dice “vamos!” y ya era parte de la ronda gigante en la que todos cantábamos. Termina todo y la misma mujer se me acerca y me dice “venga en la noche, esa es más carnaval” le contesto que por supuesto que no la pierdo por nada y me cierra un ojo diciéndome “búsqueme!”; debe tener unos 10 años más que yo pero ostenta una belleza andina difícil de ignorar, así que le devuelvo el coqueteo con el mismo guiño y un “te buscaré”. Hasta ahí quedó el flirteo ya que dio la vuelta y se fue de la mano con un hombre que a todas luces era su marido, ya que ambos portaban la misma argolla en la mano izquierda.

Llego a la carpa y los dos moribundos que encuentro parecen sacados de una película de guerra, los dos hermanos sucumben ante los efectos de “la puna” y contrastan completamente con mis ganas de fiesta y carrete andino. Les consulto si quieren algo y me piden que consiga coca (hojas de coca), así que regreso al pueblo con esa misión. Consigo la coca con un grupo de personas que compartían afuera de una casa, no sin antes aceptar algunas cervezas y conversar un poco (no se como andaba tan sociable). En la carpa la escena era deplorable y los moribundos aguaron todos mis planes de carrete y jolgorio andino.

Al otro día despierto temprano y salgo de la carpa para caminar un poco, el frío de la noche no me dejó conciliar el sueño como debía, pero el frío del amanecer era inclemente así que decido moverme para entrar en calor. Recorriendo encuentro un policlínico y me acerco para conseguir más coca, me ingresan casi de urgencia diciendo “póngale oxígeno, está pálido!”, intento calmarlo diciendo que yo soy así, blancuchento; pero ya es tarde así que disfruto del oxígeno gratis y un té caliente. Me despido agradecido y voy a buscar al par de moribundos para que revivan y dejen de dar pena.

Cerca del medio día, los resucitados hermanos están de mejor ánimo y estamos preparando un escuálido almuerzo de atún y arroz; cuando desde el camino que lleva al pueblo se escucha una estridente voz femenina que saluda “HEY!, ¡¿Qué hace el par de maricones encerrados en una carpa?!”. La adrenalina y la excitación recorren mi cuerpo desde los oídos hasta la boca del estomago y pienso – esa voz la conozco! -, me paro, volteo y mis ojos confirman el reconocimiento auditivo. Por el camino que llevaba al pueblo venia bajando la esbelta y juvenil figura de N junto a dos de las cambo. Nos saludamos alegre y efusivamente con disfrutado abrazo que solo termina con un “hey ya despéguense!” de una de las cambo, celosa porque A la saludó con un desabrido beso en la mejilla. Después de enterarnos que hacían allá y como fue que nos encontraron, N nos dice “hey, estamos arrendando una casa con las chiquillas; desarmen esa huea de carpa y vamos pah allá, hay cocina, baño y tenemos cualquier copete!”, sin pensarlo le hicimos caso y en media hora estábamos en la casa con el resto de las cambo bebiendo, escuchando música y jugando cartas.

Es la hora después de almuerzo, estamos todos recostados por ahí cuando se escucha música desde las calles, K nos dice que la gente del pueblo vendrá a buscarnos y hay que salir “a hueviar”, así que nos despabilamos y ayudo a N a pararse desde donde estábamos conversando, ella sentada en el piso y apoyada en una pared y yo recostado en sus piernas mientras ella trenzaba mi largo cabello. Nos paramos y con sus largos brazos rodea mi cuello, me mira a los ojos y me dice “ahora si que no te salvai, tu sabi como me pongo cuando estoy curaita” y esboza una maliciosa sonrisa. Terminamos de alistarnos y golpean a la puerta, nadie quiere abrir y golpean por segunda vez, N me dice “Lalo, abre tu; te va gustar”, se que es una trampa por las burlonas risitas de todos, pero yo vine a pasarla bien así que abro la puerta y recibo el puñado de harina en la cara, con los ojos cerrados siento que me cuelgan serpentinas en el cuello y mientras ponen una lata de cerveza en mi mano se escucha un grito desde la calle “el gringo loco, acá está el gringo!” Y desde el brazo me jalan hacia la calle para integrar la procesión del Ño Carnavalón.

La procesión se va nutriendo de gente con cada casa que es visitada y luego de un rato está casi todo el pueblo en la calle cantando, bailando y sobretodo bebiendo. En una de las casas me alcanza N y me dice burlona “wena poh gringo loco!, ¿conocí a estos hueones?”, le cuento que los conocí cuando salí a buscar coca y me entretuve conversando con un grupo, me dieron cocoroco y cuando pedí más me pusieron “el gringo loco”, se ríe con ganas y pregunta que porque “gringo”, así que me quito los lentes ópticos fotocromáticos que siempre llevo, la miro abriendo los ojos y le contesto “por lo blancuchento y por los ojos verdes, yo creo poh”; me mira boquiabierta y me dice, no se si en broma o en serio, “hueon, si parecí gring…” y es interrumpida por una morenita de belleza andina que me dice “baila conmigo gringo loco” y me lleva de las manos a una improvisada pista de baile que hay en la calle, cuando termina el baile me tomo una foto con ella y cuando me pregunta de donde era; le miento diciendo que de Italia. Se nos acerca una viejita y nos ofrece un licor rojo intenso, como granadina pero con alcohol y muy fuerte; yo a esa altura estaba muy ebrio y pasaba cualquier cosa como agua.

No recuerdo como, pero llego a la casa donde estábamos y cantando “mariposita, mariposita, quien te ha dicho que soy casado…” y pasé de ser el gringo loco a ser “el mariposita”. Venía lleno de harina, borracho y transpirado a pesar de que ya era noche y empezaba a hacer frío. K me exige que vaya a bañarme y que aproveche porque está N en la ducha, así que busco mi toalla y entro al baño sin golpear; ahí está la esbelta y juvenil figura de N que se retuerce de frío por el agua helada en la ducha sin cortina. Mientras me desvisto me mira con desprecio y me dice “gringo loco, ¿ya te soltó la cholita?”, extrañado le pregunto si está celosa y cierra la llave, envuelve ese hermoso cuerpo que tiene en una de las toallas, la otra en el pelo y caminando hacia la puerta deja caer un despechado “no me hablí hueon!” y me deja solo en la ducha.

Después de la ducha, comer algo y varias tazas de café mi amigo A está siendo acosado por J, la pelirroja de las cambo que le tiene ganas desde que nos conocimos carreteando en la ex isla, están jugando a la botella en un intento por que pase algo más que buena onda. Yo estoy sentado al lado de la estufa esperando que se seque mi cabello, cuando K se levanta y nos dice “vamoh a dar una vuelta, esta huea está re fome” así que nos abrigamos y salimos todos sin un plan o algo definido por hacer. Me distraigo en la iglesia del pueblo en donde se lleva a cabo una misa, sin darme cuenta entro y me quedo al fondo admirando la construcción del lugar. Al rato, siento que alguien se para al lado mio y me dice “¿te estay confesando hueon?”, reconozco la dulce voz de N y le sigo el juego acercándome a su oído para decirle “estoy confesando las lujuriosas fantasías que tengo contigo”, me mira coqueta y me dice “viste que me amai hueon, yo sabía!; yo también te amo, pero ese va a ser nuestro secreto y el de diosito” y me saca de la iglesia para reunirnos con el resto del grupo que ya han empezado a alcoholizarse en los juegos frente a la municipalidad.

Cuando se nos acaba todo, volvemos a la casa a dormir. Nos tiramos en el suelo con algunas mantas y sacos de dormir, yo ya estaba instalado cuando llega N y me sugiere “¿durmamos juntitos?”, accedo sin pensarlo, me abraza acurrucándose en mi pecho y se duerme al instante.

Al otro día nos despierta K cerca del medio día y nos pide levantarnos ya que tiene que volver a Arica por algo urgente, recogimos nuestras cosas y nos despedimos de las chicas con los mismos acuerdos de juntarnos a carretear donde siempre. J y A se despiden con un efusivo beso, que nos sorprende a todos y N solo me abraza y me dice “acuérdate de nuestro secreto” se sube al auto, prende un cigarro y se alejan rumbo a Arica.

Nosotros damos un par de vueltas por ahí haciendo hora para tomar la “paloma” y volver a Arica, el viaje transcurre en silencio y a ratos durmiendo. Ya en Arica, cada uno se va a su casa y nos volvemos a encontrar en la U cuando empiezan las clases.

Me quedo con un rollo de 36 fotos del viaje que tengo que mandar a revelar.

Author: Eduardo Quiroga Ansaldo

Soy ingeniero en electrónica y músico aficionado, escribo desde que estaba en la universidad y recién ahora me atreví a mostrar algunos escritos.





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