El crimen soñado.

Génova despertó perezosamente, estirando su hermoso cuerpo desnudo bajo las sábanas, sintiéndose relajada, con una media sonrisa de satisfacción en su bello rostro. Tomo una de varias almohadas sobre la cama y la acomodo contra el respaldo de la misma para acto seguido acomodar su espalda contra aquella. Las sábanas se deslizaron suavemente hasta su cintura dejando al descubierto sus espléndidas tetas. La luz del amanecer se filtraba tímida, por entre la gruesa cortina de la ventana del lujoso apartamento de dos pisos propiedad de su novio, el cual dormía plácidamente a su lado. Ella, como sin querer tomo su moderno teléfono y quedó asombrada de la hora que era.

¡Amor, gordo! Le llamó con algo de premura, mientras le tocaba suavemente un hombro.

¡Uuh! Fue la respuesta de aquel.

¡Son casi las ocho Gordo!.

Eduardo se deshizo de las sábanas como si picaran y casi de un salto estuvo en la ventana, corriendo la cortina, completamente desnudo, se asomo afuera a través del cristal dándose cuenta de que en realidad, el tráfico ya era fluido.

Génova le miraba con aquella sonrisa… Uff! Que hermoso y varonil era su novio, rico, profesional y atlético ¿que más podía pedir?, era con lo que toda mujer soñaba. Claro, no había sido fácil, había luchado por el y debía seguir haciéndolo… ¡Ju! la envidia que le tenían sus amigas, no pasaba un día, en el que alguna no le hablara para darle chismes…! hipócritas!

Bueno… hubieron razones, pero ya Eduardo, su Eduardo, la había elegido a ella y ya eran casi dos años conviviendo juntos.

-Sabes que no me gusta comenzar el día así, estresado,, dijo aquel volviendo a la cama, mientras terminaba de halar la sabana que cubría a su novia viéndola con deseo.

-Uh,uh, ¡que se te va hacer tardee!

El por respuesta, hurgo entre las sábanas hallando su propio teléfono y viendo el digital respondió: Aun me queda tiempo para hacerte el amor mi vida.

Ella, cómplice de su inmenso deseo le pregunto riendo.

¿No te basta con lo de anoche?

-Me basta, me sobra pero nunca me sacio de ti ,le dijo mientras la tomaba de su sensual y perfecta cintura arrojándose de espaldas a la cama atrayendo la sobre si, besándola apasionadamente mientras estrujaba sus duras nalgas. Ella se dejó llevar y un momento después desfallecían de lujuria, en un remolino de caricias y gemidos sumergidos en aquel insaciable deseo que sentían el uno por el otro.

Media hora más tarde, mientras el se duchaba.

-¿Quien es Florencia, gordo?

Eduardo, asomó su cabeza por la puerta corrediza de la ducha con el entrecejo fruncido y pregunto:

-Amor, ¿Estás checando mi teléfono?

-No, no, fue casual gordo, es que no quiero que llegues tarde amor,, le dijo ella en forma conciliatoria y comprensiva.

-Esta bien, dijo el, aceptando aquella actitud como disculpa mientras salía del baño secándose con una toalla, dando su propia respuesta.

-Es, la supervisora suplente sabes, no te lo había dicho,, ¿Te acuerdas de Ana? bueno, está de vacaciones y está…Florencia pues…está aspirando a un mejor cargo dentro de la empresa y quiere que todo le salga perfecto es,, es todo un parto esta mujer, una cesárea sin anestesia, full estresada; hoy no me va dar tiempo de desayunar en el cafetín, mejor me preparas algo mientras me visto ¿eh?

Génova por respuesta fue hacia el y le dio un beso suave en los labios diciendo:

– Pobre, quizás ella no tiene quien le caliente su camita tan siquiera los domingos.

En aquel preciso momento, el digital del joven volvió a resonar en tono audio llamada ,cogió el aparato aún en manos de su novia pulsando el altavoz… Buenos días dijo:

¡Buenos días Eduardoo! ¡Que te has retrasado hombre!

-Buenos días ingeniero ,mil disculpas ,es que surgió un contratiempo, en poco más de media hora nos vemos allá.

-Menos excusas Eduardo, que yo también fui joven ¡ hombre !

¿Espero que te des prisa, vale?

-Gracias por su comprensión ingeniero.

¡ Hombre ! ¡Que te des prisa follón!

Eduardo arrojo el teléfono sobre la cama, diciendo:-Es ese tío, el español .

– De seguro a de estar molesto, dijo Génova.

-Apenas un poco, es un tío genial , respondió el joven atrapándola por la cintura, atrayéndola hacia si besándole con algo de salvajismo.

Ella se zafó con suavidad al tiempo que le decía y giraba para salir… ¡ Eres un tío cachondo!.

¡Y tu, una tía cañón!

Rieron los dos,y ella salió tomando las cortas escaleras hacia la planta baja.

Apenas unos quince minutos después, Eduardo, ya casualmente vestido, ingreso a la pequeña, pero cómoda y lujosa cocina, portaba un pequeño bolso a sus espaldas donde siempre llevaba su computadora como herramienta, antes siempre llevaba un maletín de ejecutivo, pero de un tiempo acá, le había parecido mejor llevar las manos libres.

-Te prepare dos sándwich, gordo… dijo Génova girando con un pequeño Thermo en sus manos, llevando aún sobre ella la sábana como única ropa.

-Gracias corazón, eres un amor.

El sonido del teléfono de Eduardo interrumpió el ademán de coger el Thermo de las manos de ella.

Eduardo, pareció apenas nervioso al ver el digital, sin embargo puso el altavoz diciendo… ¡ Aloo! Y se alejo dos pasos de su novia.

-¿Dónde estas? Oyó Génova, la voz femenina.

-Voy saliendo ya licenciada, dijo Eduardo con seriedad en la voz,, en veinte minutos estoy allá; acto seguido cortó la llamada diciendo: – Está vieja me va a amargar el día.

Un consejo no aceptado de su madre y un muy desagradable recuerdo paso por la mente de Génova en aquel instante y mientras daba un paso hacia el y le entregaba el vianda, no se pudo contener… ¿No estarás jugando conmigo de nuevo?

Eduardo, como sorprendido y extrañado, tomando el Thermo lo dejo sobre la mesa, se quitó el bolso de sus espaldas poniéndole sobre una silla, Guardó su teléfono en uno de los bolsillos del pantalón y con ambas manos, con mucha suavidad tomo el rostro de ella acercando el suyo hasta casi rozar sus labios diciéndole como en un ruego…oye, oye,, ¿A qué viene eso uh? ¿Que paso linda? ¿No iremos a empezar de nuevo con esto ? No después de dos años, dónde te he probado que te amo a ti, eres mi vida! ¿Lo sabes verdad?

El la había llevado, mientras le susurraba, hacia el paredón de la cocina, ella asintió sumisa, con los brazos caídos a lo largo de su cuerpo. Per- perdóname; pidió con un leve tartamudeo y una lágrima asomada. Lo amaba, lo amaba tanto, tanto, aún más allá de la locura.

El cubrió su rostro de besos. Chitss, chitss ya.Te amo, eres mi dueña, mi todo.

Entonces Génova, miró de reojo aquel juego de seis cuchillos, los cuales eran solo decorativos en la pared de la acogedora cocina ,en un impulso tomo uno de los puntiagudos estiletes y poniéndolo en la garganta de su novio, bromeó; más te vale, porque si no…Dejo la frase allí. Eduardo con una sonrisa aparto suavemente el cuchillo de su cuello y tomándola por la cintura la levanto sentándola en la pulida losa, ella sintió el frío en sus nalgas, el entonces le dijo, tomando el cuchillo de las manos de ella. ¿Sabes, que no tienen filo y que son especiales para el lance?

-Si, lo sé tonto, no te me escaparas aunque estés a distancia

Eduardo se rió, mientras volvía a besarla y ya ella le correspondía, abrazándole.

-Tonta, tontita.

-Ya vete amor! Es tarde, le dijo ella ,deseando que se quedará para siempre, siempre.

Él volvió al comedor seguido por la mirada lánguida de ella, iba a tomar sus cosas cuando de pronto exclamó.

¡ El pendrive, se me olvidó el pendrive ! Se fue casi corriendo escaleras arriba, ella casi le gritó: ¡Eres un loco, vives en el aire!

Eduardo le respondió a medio camino… ¡Será porque soy piloto!

¡Estúpido! Le respondió ella de buen humor, pasándole una idea por la cabeza, sería una broma, una buena y significativa broma, que además le serviría de advertencia.

Un rato después el joven salía en su moderna camioneta Thundra rumbo a su lugar de trabajo, en la sede de una compañía eléctrica muy importante donde se desempeñaba como piloto de aeronave, helicópteros exactamente.

Génova divertida, se imaginaba la cara que pondría su novio, cuando encontrara aquel cuchillo en su bolso.

Eduardo llegó a la empresa donde ya en el helipuerto, el ingeniero acesor, de nacionalidad española, le aguardaba algo impaciente fumando un largo cigarro.

-Que pensé que no vendrías, ¡caradura!

El joven paso por alto aquel calificativo, ya suponía a lo que se refería el ingeniero y sonrió diciendo:

-Vámonos pues, que se nos hizo tarde .

-¿Tu crees? Le pregunto el ingeniero con sarcasmo.

Fueron hacia el moderno helicóptero de uso privado empresarial ingresando en el aparato, allí en el asiento del copiloto, una bellísima mujer de rubios cabellos, ojos azules, ataviada con un atrevido vestido a tonos azul oscuro que dejaba al descubierto el nacimiento de sus exuberantes muslos, miro a Eduardo intensamente, diciéndole con marcado celo: ¿No te soltaba la tóxica?

Se besaron largamente, recorriendo el con una de sus manos, los torneados muslos hasta tocar la carne tibia.

Ella se estremeció dejándose hacer.

Una tosecita disimulada los saco del sopor del momento.

¡Macho!… Se oyó la voz del tercer pasajero. -Que es, de muy mala fortuna comerse el pan delante de los pobres… ¿A menos que queráis compartir?

Los amantes rieron el atrevido comentario del español.

Eduardo manipuló una serie de botones en el panel poniendo en funcionamiento los motores, afuera todo se estremecía con la brisa de las hélices.

-¿Todo listo allá atrás?

-¡Vamos hombree, ¡vamos!

El aparato remontó el aire mientras la hermosa copiloto colocabase con maestría sus audífonos de vuelo notándose así, que no era aquella su primera vez.

Sus ojos brillaron al encontrarse con los de Eduardo.

-¡Te amo! Casi le gritó a través de los audífonos. Aquel le sonrió acariciándole una mano.

El ingeniero en la parte de atrás, asegurabase con un arnés a una barra de metal dispuesta allí para eso y se dispuso para las tomas de las redes eléctricas por medio de una modernísima cámara de última generación.

Abrió ambas compuertas y comenzó las tomas que le ayudarían en su tarea de evaluación y mejoramiento asesor de las redes eléctricas de aquella importante ciudad.

Eduardo recorría con su mirada libertina los muslos de su bellísima amante, mientras ella le sonreía complacida.

-¡Eres un loco! Le dijo ella abriendo las piernas, dejándole ver un poco más.

-¡La culpa es tuya! Le respondió el, pasándose la lengua por los labios morbosamente.

Ella río, sabiendo lo que pasaba por la cabeza de el.

-¡Eduardo! Llamo su atención el ingeniero.

¡ Si, díga !

-¿Qué avenida es está que sobrevolamos?

Tras un momento el joven respondió:

¡ Es la avenida Villanueva ingeniero !

-¿Puedes ver aquel árbol grande a tu izquierda?

-!si lo veo ingeniero!

-¿Puedes identificar esa calle?

– ¡Es la Monserrat!

-¿Podrías bajar esta cosa y acercarte apenas un poco?

-¡Claro ingeniero lo que usted mandé!

Eduardo con maestría manipuló los controles, mientras guiñaba un ojo a su bella copiloto. Descendió suavemente sobrevolando apenas a unos cuarenta metros de las cuerdas de alta tensión.

-¡Mantenlo estable unos segundos! Dijo el español preparándose para la toma.

Abajo, los pocos transeúntes de aquel domingo se detenían a verlos, curiosos de lo que ocurría.

Un poco a la izquierda un altísimo edificio semiabandonado llamo la atención de Eduardo. Comenzando a estar consciente de su error, dijo al ingeniero girando un poco la cabeza.

– ¡No es bueno que estemos aquí voy a su…

-¡Pájaros! ¡Pájaros ¡ Maldita sea ! Una bandada de pájaros! Grito el ingeniero.

El español no tuvo tiempo de cerrar la compuerta, solo intento protegerse el rostro encogiéndose sobre si mismo.

Eduardo, a pesar de que las aves casi le impedían la visibilidad y le causaban rasguños en su rostro mantuvo la calma pero, no así su copiloto, la cual en una crisis de verdadero pánico se quitó el cinturón de seguridad pataleando y lanzando manotazos, chillando histéricamente yendo a caer sobre los controles, causando el descenso casi vertiginoso del aparato.

El ingeniero se aferró a la barra de metal a pesar de los arneses y espero lo peor.

-¡Jesucristo!

Eduardo sin embargo, no perdió el dominio de la situación a pesar de los pájaros y de su amante que chillaba enloquecida. Hizo una peligrosa y hábil maniobra y en último instante esquivo casi en su totalidad las mortales cuerdas de alta tensión, pero un pequeñísimo roce basto para que los controles enloquecieran y el rotor fallara.

Todo había pasado muy rápido, la bandada de pájaros habían desaparecido tan pronto como aparecieron.

El joven empujó a su amante quitándola de sobre si y tomo los controles en un intento por salvar la situación.

El aparato se iba abajo planeando, con movimientos por inercia de la hélice.

-¡ Nos vamos a matar! Grito la rubia enloquecida.

El ingeniero rezaba aferrado a la barra.

Eduardo timoneaba con todas sus fuerzas, viendo frente a si la copa de aquel frondoso árbol del que hacían referencia hacia un escaso minuto; dejo ir la nave yendo a caer sobre aquel, en un ruido de ramas y gritos de espanto de su amante. El helicóptero amenazo con voltearse lo cual hubiese sido catastrófico para sus tripulantes, pero milagrosamente dio un salto yendo su cola a enredarse en una maraña de redes eléctricas, quedando como puente entre aquellas y el árbol

Todos, tripulantes y curiosos esperaron lo peor, pero aquel roce del aparato con las cuerdas de alta tensión acababan de dejar sin electricidad todo el oeste de la ciudad y aquello les había salvado la vida.

Luego de una pausa de uno o dos eternos segundos se oyó la voz del ingeniero.

¿Pero que coñas a pasao tío? ¡Que no vine a morir como un filipollas!

Abajo ,la calle se llenaba de gente deteniéndose el tráfico.

Eduardo se zafó del cinturón y de sus audífonos y fue en ayuda de su amante echa un ovillo. Aquella al notarlo, entro en un arrebato de histeria y comenzó a golpearlo en el pecho con sus puños, exclamando. ¡Maldito, maldito, por poco me matas,Por poco! ¿en qué pensabas?¡estúpido!, ¡estúpido!

Eduardo intentaba abrazarla mientras daba una ojeada a su derredor, los daños materiales eran graves, más no los humanos, los cuales no fueron más que magulladuras y arañazos, sin embargo, el joven estaba muy preocupado por dos cosas. La primera, en cuanto tiempo los bajarían de allí y la segunda que por nada del mundo Génova se enterará que Mergi Casanovas se encontraba con el.

Las sirenas de algunas ambulancias les hicieron asomarse abajo, el ingeniero seguía aferrado a la barra. Mergi aparto a Eduardo de si, acomodándose en el asiento, echando un vistazo al corillo de curiosos que se apartaban para dar paso a los vehículos de emergencias que eran tres; bueno, aquello era una caravana de vehículos oficiales, también llegaban los de la empresa de electricidad, policías, bomberos y… ¡ No,no, lo que me faltaba ¡ Exclamó Mergi escurriéndose en el asiento.

-¡Es la maldita televisión! Pronunció Eduardo como si fuera el final de su vida.

-Valla pinta que tenemos, para salir en la tele. dijo el español. Eduardo y Mergi voltearon a mirarlo con aprehensión.

-Me he salvado de morir en este trasto, pero vosotros… me vais a matar con las miradas .

Génova había aguardado por casi una hora un mensaje de Eduardo, o una llamada refiriéndose a la broma del cuchillo, pero el tiempo seguía pasando y comenzó a sentirse estúpida, allí encerrada en el cuarto, revisando su teléfono cada ves que vibraba ,solo para ver qué eran sus «amigas» a las cuales solo a algunas se dignaba responder; bueno, era mejor salir de allí, ir de compras. Llamaría a su madre .

– ¡Aló! ¿Mamá?

-Hola princesa… ¿Dónde estas? Se escuchó la voz ansiosa del otro lado.

-En el apartamento mami. Te llamaba para que me acompañes de compras y luego almorzaremos en aquel restaurante japonés…¿ Te acuerdas ?

Hubo un silencio del otro lado de la línea.

¿Mami?

-Princesa… voy inmediatamente para allá, por favor no te muevas de ahí, en veinte minutos estoy contigo.

Génova, iba a decir algo pero su madre ya había colgado. Parecía agitada. ¿veinte minutos? Ni que su carro volará.

Fue al closet, tomó una toalla para ir a la ducha, entonces repicó de nuevo el teléfono, pensó era su madre pero no, era una de sus «amigas» en video llamada.

-Hola Paty ¿Cómo estás?

-¡Helloo! amiga. ¿No estás viendo la tele’?

-No amiga, sabes que no soy muy amante de la tele’ me da migrañas.

-Debes encender la tele’, Eduardo está en el aire.

Génova casi ríe, y algo divertida dijo: si casi siempre.

– Es en serio amiga, enciende la tele’

Génova tomó el control sobre la cama y encendió el plasma.

Su amiga en la video llamada le dijo: – Pon el canal local, lo están transmitiendo en vivo.

Ya intrigada y nerviosa, Génova seguía la voz de su amiga.

– No te preocupes, no le pasó nada a tu novio, el está bien.

Lo primero que vio Génova fue el panel amplio que hacían las cámaras del precipitado helicóptero y debajo de la imagen, el titular decía…

Helicóptero de empresa eléctrica se desplomo hoy domingo entre las diez de la mañana sobre la avenida Villanueva con Monserrat con tres ocupantes, quedando suspendido entre la copa de un árbol y Guayas del tendido eléctrico, lo cual causa un apagón en toda la zona Oeste de la ciudad .

-¿Amigaa?, ¿Génova?

Génova apagó su teléfono, ya no quería hablar con nadie, pues lo segundo que vio, fue a Mergi Casanovas siendo la primera en ser rescatada, mientras era asediada por una reportera subida al brazo mecánico de una grúa .

En el lugar de los hechos…

El personal de emergencias se había dado prisa en subir hasta el helicóptero a socorrer sus tres ocupantes. por supuesto la primera en ser rescatada fue Mergi, con lo cual la reportera informaba desde el brazo mecánico de la grúa:

-En estos momentos está siendo rescatada Mergi Casanovas, la famosa modelo de pasarela internacional la cual está ilesa, con la que hemos intentado conversar sin obtener ninguna declaración .

Mergi a estás, se cubría el rostro con su propio pelo, en un vano intento por pasar desapercibida. Maldecía a la reportera para sus adentros.

La hermosa modelo fue acomodada sobre la camilla portátil, los de emergencia civil la fueron bajando lentamente hasta llegar a tierra firme dónde fue auscultada por otros paramédicos antes de ponerse en pie, para ser entrevistada por otros reporteros ávidos de noticias de farandula.

El ingeniero español fue el siguiente en ser rescatado, el cual se desató en maldiciones con los enfermeros que le querían atar a la camilla para su seguridad.

-¡Déjame en paz coño! ¡ id a coger por el culo!.

Eduardo se quedó esperando su turno, su cabeza iba a estallar, nada le preocupaba más que Génova, si tenía que arrastrarse para que le perdonará, lo haría. Miro abajo donde Mergi, era rodeada por reporteros fue en ese momento dónde supo, que aquella no significaba nada para el .

La camilla llegó arriba, Eduardo se acomodo en ella dejándose atar, parecía sonámbulo, algo dentro de el había cambiado para siempre haciéndole reaccionar y reflexionar sobre sus acciones desleales hacia Génova.

La camilla llegó al pavimento con un Eduardo haciéndose la promesa de cambiar definitivamente.

Los de emergencias se aprestaron a desatarle las correas; fue entonces que ocurrió lo inesperado: Un estruendo de ramas al resquebrajarse allá arriba hizo apartar a todos con un murmullo de espanto alzando sus ojos desorbitados; el helicóptero se volteo en un sacudón tremendo, las Guayas de electricidad se tensaron al máximo amenazando con romperse, algunos objetos cayeron del aparato a la calle… un cable ,unas herramientas, un arnés ,una computadora portátil y un cuchillo, aquel estilete que vino a traspasar justo la garganta de Eduardo degollándolo como un cordero, atado a la camilla. El joven pataleo en estertores de muerte y angustia mientras sentía el sabor de la sangre en su boca y de como salía a borbotones de la herida, tiñendo de rojo, la gruesa tela azul de la camilla.

-¡Nooo! ¡Nooo!

Génova despertó con sobresalto y angustia. Palpó inmediatamente a su lado y allí estaba su Eduardo. Todo, era un falso sueño! Una pesadilla. Un tanto calmada, respiró profundo y estiró su hermoso cuerpo desnudo bajo las sábanas sintiéndose relajada, con una media sonrisa de satisfacción en su bello rostro. Lo había conseguido y aunque hubiera de vivir con aquella pesadilla toda su vida; su Eduardo estaba allí, a su lado, era suyo, suyo para siempre ya nadie le disputaba su amor, sus caricias… Ella ,la modelito, ¡Ja! se había deshecho de ella sin siquiera proponérselo. Se acurrucó detrás de su novio, sintiendo el calor de su cuerpo desnudo, aquel dormía plácidamente. Génova podía oír los latidos de su corazón y así entre recuerdos se fue abismando de nuevo en un mundo subrreal

Por más que insistieron, los de Emergencias no lograron que Mergi Casanovas bajara a la primera. Eduardo tampoco pudo convencerla, presa la modelo, de un horrible y traumático miedo momentáneo a las alturas debido al incidente que acababa de sufrir.

El español fue el primero en ser rescatado, enzarzándose en una discusión con los de emergencias los cuales querían atarle para su seguridad.

Eduardo se quedó con su amante intentando que bajase a la segunda, pero no pudo convencerla y hubo de ser él, el siguiente en ser rescatado con todo y su bolso, dándose cuenta que el mismo, estaba roto, milagrosamente no había se salido la computadora.

Con todo y esto, Mergi no quería dar un paso fuera del aparato y ya se pensaba en otra estrategia para convencerla cuando una rama se resquebrajo haciendo estremecer el helicóptero, con lo cual la mujer viendo en riesgo el único lugar donde se sentía segura, por fin acepto entre llanto y berrinches de niña ser rescatada

Abajo, las cámaras no perdían detalle y los reporteros sensacionalistas y faranduleros aguardaban para entrevistar a la joven y famosa modelo.

La camilla fue depositada en el pavimento, los de emergencias se apresuraron para desatar a la joven; justo en aquel momento el ruido de las ramas al resquebrajarse hiso retroceder a todos con espanto ,el helicóptero se volteo en un sacudón tremendo, las cuerdas se tensaron, la joven atada a la camilla justo debajo, los objetos cayendo, el cuchillo, aquel estilete que traspaso justo la garganta de Mergi Casanovas que pataleo en estertores de muerte y angustia mientras sentía el sabor de la sangre en su boca y de como salía a borbotones de la herida, tiñendo de rojo la gruesa, tela azul de la camilla.

Génova despertó perezosamente, estirando su hermoso cuerpo desnudo bajo las sábanas, sintiéndose relajada con una media sonrisa de satisfacción en su bello rostro. Tomó una de varias almohadas sobre la cama y la acomodo contra el respaldo de la misma, para acto seguido acomodar su espalda contra aquella. La sábana se deslizó suavemente hasta su cintura dejando al descubierto sus espléndidas tetas. La luz del amanecer se filtraba tímida, por entre la gruesa cortina de la ventana del lujoso apartamento de dos pisos, propiedad de su novio, el cual dormía plácidamente a su lado. Génova como sin querer tomo su teléfono y se asombro de lo tarde que era.

¡ Amor ! ¡ Gordo ¡ Palpo suavemente su hombro y tubo un sobresalto al sentir su piel fría..Genova despertó atada a una camilla del sanatorio mental de la ciudad, en dónde estaba recluida desde hacía dos años, deformando, viviendo un sueño o soñando que vivía, desde aquel fatídico día, cuando quiso jugarle una broma a su novio con aquel cuchillo.

Fin

Sujeta a derechos de autor.

En Donatexter trabajamos con la plataforma de Amazon usando su programa de afiliados donde, al adquirir productos a través de los enlaces de esta página, podemos recibir una pequeña comisión que nos ayuda al mantenimiento de la web.

Por tanto, en calidad de Afiliado de Amazon, Donatexter obtiene ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.

Importante: estas comisiones no te afectan en nada ni tienen un coste adicional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *