El reloj de las estrellas.

Había una vez un pequeño relojero llamado Elio que vivía en un rincón olvidado de la ciudad. Su pequeña tienda estaba llena de relojes antiguos y polvorientos, cada uno con su propia historia. Pero Elio tenía un secreto: su reloj más especial no estaba en la tienda.

En el desván de su casa, Elio guardaba un reloj mágico. Este reloj no marcaba las horas ni los minutos, sino las estrellas. Cada vez que Elio giraba la corona, el reloj mostraba una constelación diferente en su esfera de cristal. Las estrellas brillaban con una luz suave y misteriosa, como si estuvieran esperando a ser descubiertas.

Una noche, mientras observaba el reloj, Elio notó algo extraño. Las estrellas se movían más rápido de lo habitual, formando patrones desconocidos. Intrigado, Elio decidió seguir las constelaciones en el cielo. Armado con su reloj y una brújula, se aventuró en la oscuridad.

Caminó durante horas, siguiendo las estrellas que brillaban en su reloj. Cruzó bosques frondosos, ríos cristalinos y montañas escarpadas. Finalmente, llegó a un claro en el que las estrellas formaban un círculo perfecto en el cielo. En el centro del círculo, había una piedra antigua con inscripciones en una lengua olvidada.

Elio tradujo las inscripciones con la ayuda de su reloj. Decían: «El Reloj de las Estrellas guarda el camino hacia el mundo de los sueños». Sin dudarlo, Elio giró la corona de su reloj una última vez. El cielo se iluminó con una luz deslumbrante, y Elio se encontró en un lugar diferente.

El mundo de los sueños era un lugar asombroso. Las estrellas eran más brillantes y las constelaciones cobraban vida. Elio caminó por campos de flores luminosas y ríos de plata. Se encontró con criaturas mágicas y seres que solo existían en cuentos de hadas.

Pero el tiempo en el mundo de los sueños era diferente. Los días pasaban como segundos, y Elio comenzó a envejecer lentamente. Sabía que no podía quedarse allí para siempre. Así que, con lágrimas en los ojos, giró la corona de su reloj una última vez y regresó a su pequeña tienda.

Elio nunca olvidó su aventura en el mundo de los sueños. Cada noche, miraba las estrellas en su reloj y recordaba la magia que había experimentado. Y aunque nunca volvió al mundo de los sueños, sabía que siempre llevaría consigo un pedacito de ese lugar en su corazón.

Y así, el Reloj de las Estrellas siguió marcando el tiempo en la pequeña tienda de Elio, esperando a que alguien más descubriera su secreto.

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