Infidelidad.

Ella le abrazaba pegada a su cuerpo,serena ,quieta,embelesada, mientras el escribía queriendo absorberla con cada trazo, pero ella tenía mucho, mucho más para darle. El la desnudaba con sus pensamientos, que hiban desde lo más sublime hasta lo más torcido e insospechado, penetrando en ella hasta el abismo, ausente de toda realidad, en un remolino de pasión y sentimiento que era su locura. Por un momento,solo por un momento se detuvo y ella, por poco se desvanece temblando . El la miro sin verla, perdida toda noción de realidad, tiempo, distancia; su mirada trasluciendo los más viles, hermosos y mágicos sentimientos. Suspiró largo: abandonado por completo en los brazos de ella, que desnuda, le dejaba hurgar en su indecifrable y mágico cuerpo, donde el podía experimentar todo o absolutamente nada, con la certeza de que no le pertenecía solo a el . Ella se complacia en dejarlo hacer susurrando: Adoro estos momentos en los que me tomas, como la única cura de tus complejos deseos . El, abismado pregunto. ¿ Cuál es tu nombre? ¿Que eres? ¿Quien eres?. Ella rió y su risa se fue en ecos como de coros celestiales, que inundaban el oscuro universo, como en una mezcla de luz y tinieblas. – Yo, yo soy todas y ninguna, mi nombre es un misterio aún para mí; la mayoría me abrazan en la muerte, aunque los que son como tú, me abrazan en vida e intentan decifrarme entre sus miles pensamientos, me usan y se apasionan conmigo convirtiéndome casi, como una enfermedad, una adicción, un credo. – Entonces… ¿Estarás conmigo en la muerte? Pregunto el. Ella volvió a susurrarle: -Aún cuando tus huesos sean polvo yo estaré alli, contigo. El la abrazo tan fuerte que pudo sentirla. Ella se estremeció complacida, diciéndole: Sienteme,sienteme; pues la realidad inexistente es, y al perecer lo físico, podemos con la muerte, palpar en realidad la verdadera existencia. Ella se hiba susurrando,desvaneciéndose. El, en la cúspide del climax, exigió en un ruego. ¿Dime al menos tu nombre? Ella piadosa y complacida le dijo: -Soy la soledad, fuente indispensable de la inspiración, hermana inseparable de la muerte, soy una, y todas.

El entonces volvió a la realidad cerrando el cuaderno, se levantó de la silla apagando la lámpara de escritorio y a tientas, fue a su habitación buscando la cama, donde su esposa dormía profundamente. Se acurrucó a su lado dándole un beso suave en la mejilla, mientras que en algún rincón de la casa , soledad sonreía, sabiéndose la otra.

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