Los arcturianos.

El año era el 2121 y el mundo estaba al borde del colapso. Los recursos naturales se habían agotado, el cambio climático había provocado sequías, inundaciones y hambrunas, y las guerras por el control de las últimas fuentes de energía amenazaban con destruir la civilización.

En medio de este caos, un joven científico llamado Leo había dedicado su vida a buscar una solución. Estaba convencido de que la clave estaba en el espacio, en el aprovechamiento de la energía solar y de los asteroides. Pero para ello necesitaba construir un dispositivo capaz de crear un agujero de gusano artificial, una especie de atajo en el tejido del espacio-tiempo que le permitiera viajar a cualquier punto del sistema solar en cuestión de segundos.

Leo había trabajado durante años en su proyecto, financiado por una organización secreta que compartía su visión. Había logrado diseñar un prototipo del dispositivo, que consistía en un anillo metálico que generaba un campo magnético extremadamente potente y que podía abrir una brecha en el espacio-tiempo al activarse. Sin embargo, aún no había podido probarlo, pues necesitaba una fuente de energía suficientemente grande y estable para alimentarlo.

Un día, Leo recibió una llamada de su contacto en la organización. Le informó de que habían conseguido acceder a una central nuclear abandonada en una zona remota y que habían preparado todo para realizar el experimento. Leo no lo dudó ni un instante y cogió su maleta con el dispositivo y se dirigió al lugar indicado.

Al llegar, se encontró con un grupo de hombres armados que custodiaban la entrada. Le hicieron pasar y le condujeron hasta una sala subterránea donde estaba la central nuclear. Allí le esperaba su contacto, una mujer llamada Eva, que le sonrió al verlo.

  • Hola, Leo. Me alegro de que hayas podido venir. Estamos a punto de hacer historia – le dijo.
  • Hola, Eva. Yo también estoy emocionado. ¿Está todo listo? – preguntó Leo.
  • Sí, hemos conectado el dispositivo al reactor nuclear. Solo tenemos que activarlo y esperar a que se abra el agujero de gusano – respondió Eva.
  • ¿Y adónde vamos a ir? – quiso saber Leo.
  • A ningún sitio en concreto. Solo queremos comprobar que funciona y que podemos atravesarlo sin problemas. Luego volveremos – explicó Eva.
  • De acuerdo. Pues vamos allá – dijo Leo.

Los dos se acercaron al dispositivo y lo encendieron. Una luz azulada empezó a brillar en el anillo metálico y se oyó un zumbido cada vez más intenso. De repente, se formó una esfera negra en el centro del anillo, que parecía absorber todo lo que había a su alrededor.

  • ¡Lo hemos conseguido! ¡Es un agujero de gusano! – exclamó Eva.
  • ¡Increíble! ¡Vamos a ver qué hay al otro lado! – dijo Leo.

Los dos cogieron sus trajes espaciales y se los pusieron rápidamente. Luego se tomaron de la mano y se lanzaron hacia la esfera negra. Al atravesarla, sintieron una sensación extraña, como si estuvieran cayendo y flotando al mismo tiempo. Todo se volvió oscuro y silencioso durante unos segundos.

Cuando abrieron los ojos, se encontraron en un lugar completamente diferente. Estaban flotando en el espacio, rodeados de estrellas y planetas. Pero lo que más les llamó la atención fue lo que había frente a ellos: una enorme nave espacial con forma de disco, que emitía una luz blanca y que tenía unas antenas y unos paneles solares en su superficie.

  • ¿Qué es eso? – preguntó Leo.
  • No lo sé… Parece una nave extraterrestre… – respondió Eva.
  • ¿Crees que hay alguien ahí dentro? – quiso saber Leo.
  • No lo sé… Tal vez deberíamos acercarnos y averiguarlo… – sugirió Eva.
  • ¿Y si son hostiles? – temió Leo.
  • No lo creo… Si lo fueran, ya nos habrían atacado… Además, quizás sean nuestros aliados… Quizás puedan ayudarnos a salvar el mundo… – dijo Eva.
  • Bueno, vale… Pero seamos cautelosos… – aceptó Leo.

Los dos se impulsaron con sus propulsores y se dirigieron hacia la nave. Al acercarse, vieron que había una escotilla abierta en uno de los lados. Decidieron entrar y explorar el interior.

Lo que encontraron les dejó sin palabras. La nave estaba llena de seres de aspecto humanoide, pero con rasgos diferentes. Tenían la piel de varios colores, los ojos grandes y brillantes, las orejas puntiagudas y los cabellos largos y lisos. Algunos llevaban trajes ajustados y otros vestidos holgados. Todos parecían estar en paz y armonía, hablando entre ellos con una lengua desconocida.

Los dos intrusos no pasaron desapercibidos. En cuanto los vieron, los seres se quedaron en silencio y los miraron con curiosidad. Algunos se acercaron a ellos con gestos amistosos, otros se alejaron con miedo. Uno de ellos, que parecía ser el líder, se adelantó y les habló con una voz suave.

  • Bienvenidos a bordo de la nave Arcturus. Somos los arcturianos, una raza de seres de luz que viaja por el universo en busca de conocimiento y amor. Hemos detectado vuestro agujero de gusano y hemos venido a investigarlo. ¿Quiénes sois y qué buscáis? – preguntó.

Leo y Eva se quedaron boquiabiertos. No podían creer lo que estaban viendo y oyendo. Se miraron el uno al otro y luego al arcturiano. No sabían qué responder. Pero pronto se dieron cuenta de que acababan de encontrar el gran invento del siglo XXII: un portal a un nuevo mundo, lleno de posibilidades y esperanza.

FIN

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