Cuestión de colmillos.

Sufriendo en silencio por las rozaduras de los zapatos pero saciado por primera vez en meses Iker siguió a don Modesto hasta lo que antaño fue la zona rica de la ciudad, serpentearon por las avenidas perfiladas con mimo, todas iguales hasta llegar a una destartalada mansión con un portal de piedra y el jardín lleno de malas hierbas.

– Da gusto llegar a casa, vamos chaval- dijo don Modesto al tiempo que abría una herrumbrosa cancela que en otro tiempo fue dorada, al oírlos un enorme perro pardo corrió a su encuentro- Hola amigo, qué bien vigilas el castillo, traigo visita, este es Trueno, no te hará nada por muy grande que pueda parecer- le aclaró al muchacho que se había quedado petrificado pero pudo reunir el suficiente valor para acariciar la enorme cabeza del animal.

Una vez Trueno se hubo calmado, entraron en la vivienda, cuyo interior no tenía nada que ver con el exterior, lo que fuera era dejadez y miseria, dentro era lujo y esplendor pero sin abandonar jamás ese aura de austeridad que emanaba de su propietario. Se hallaban en un gran pasillo con suelos de piedra caliente, y paredes de madera noble, el Chasquidos dejó su abrigo en un perchero labrado e invitó a su protegido a hacer lo mismo, no sin antes coger su preciada navaja y terciarla en su cinturón. Iker pudo descalzarse con alivio y quedó maravillado ante la agradable calidez de las losas de piedra lo que volvió a hacer reír al guapo.

– Ya me habrás oído decir en más de una ocasión que las apariencias engañan muchacho, como ves pasa con todo- le dio una palmada en la espalda que casi le saca el hombro del sitio- sube las escaleras, al fondo del pasillo, a mano derecha, allí encontrarás un baño, te vendrá bien quitarte la suciedad de encima.

Cuando Iker salió del baño, el primero que había visto en su vida, envuelto en lo que le pareció una especie de túnica de algodón escuchó una música extraña y decidió averiguar de donde provenía ,en aquella casa todo eran maravillas. Encontró a su benefactor, arrellanado en un sillón frente a una chimenea, en una sala repleta de libros, adornada con las más finas carpinterías, en un estante un artilugio con una trompetilla de latón emitía aquella música tan hipnótica.

– Ah bien, no se te ha llevado el desagüe, empezaba a inquietarme muchacho- dijo aquel hombrón con su habitual jovialidad.

– Me llamo Iker, no «muchacho» don Modesto- contestó el joven apurado porque empezaba a sentirse como un niño por primera vez en su vida y esa vulnerabilidad lo inquietaba.

– Está bien Iker, es un placer conocerte, tú ya sabes como me llamo y espero que guardes el secreto, en público habrás de llamarme solo «señor»- dijo estrechando la mano del joven con su gran zarpa.

– Sí señor ¿Qué es aquello? – preguntó señalando el ingenio musical- suena de maravilla.

– Es un gramófono, una reliquia de antes del Cataclismo, muy antigua, emite los sonidos grabados en esos discos negros, cada uno tiene un sonido diferente, el de este son violines, unos instrumentos de cuerda, ahora casi nadie los tiene.

– ¿ Cómo sabe todo eso?- el guapo abarcó la estancia con un amplio ademán.

– Gracias a todos estos, también son reliquias, algunos encontrados, otros obtenidos a modo de pago…Una vez entras en la senda del conocimiento, de un modo u otro viene a ti – se le quedó mirando- supongo que no sabes leer.

– No señor- añadió el muchacho y sin saber exactamente por qué se sintió avergonzado.

– Tranquilo tiene fácil arreglo, pero antes de eso no puedo permitir que vayas por ahí desarmado como un cualquiera- con pasos ágiles fue hasta una hornacina en el extremo de la sala donde descansaba el busto de piedra policromada de una mujer rodeado de velas y a sus pies, a modo de ofrenda , dos rosas y otra navaja,  de hechura muy similar a la del chasquidos con la única diferencia de que el mango de esta era de cuerno de búfalo y la de don Modesto, de ciervo.

– ¿Es para mí?- preguntó el muchacho con los ojos empañados y la voz tomada de emoción, nunca le habían hecho un regalo.

– Sí, es para ti, he decidido tomarte bajo mi tutela, vi en ti una fiereza digna de un guapo, tienes un lobo dentro joven y un lobo no mendiga carroña a las ratas de vertedero, se vale de sus colmillos para vivir, no hacerlo iría contra natura.

Los guapos luchamos en duelos por cuenta de otros, por asuntos de juego , amor u honor. Somos un arma igual que los puñales o navajas que llevamos, pero gracias a nosotros, la gente vive ajena a los pleitos de los poderosos que nos pagan y no se ven salpicados por las venganzas de las grandes familias , los comerciantes o los caudillos del llano. Nosotros matamos para que la gente corriente no deba hacerlo, eso exige potencial y tú lo tienes, solo necesitas guía.

– ¿Aceptas ser mi pupilo y aprender todo lo que pueda enseñarte?

– Sí, señor, acepto- dijo el joven maravillado por las palabras de su maestro.

– Entonces es tuya, era de mi hermano, ojalá te sirva bien  – antes de que el joven pudiera hacer nada con ella, su protector le lanzó un libro.

– Antes de ser un guapo, deberás ser un hombre de bien y para eso hay que tener la cabeza bien amueblada, lo conseguirás leyendo y aprendiendo cada palabra contenida entre estas paredes.

Y, así, se dispuso a transmitir sus conocimientos al muchacho.

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