Autor del texto: Bren Alvarez Marconi

LA PUERTA


La puerta
Un llamado interrumpió mi almuerzo. Dejé los cubiertos al costado del plato, me paré y caminé hasta el teléfono. La llamada que tanto había esperado. El timbre frío y estruendoso me tomó desprevenida, con
todas mis fuerzas levanté el tubo, y tomando una fuerte bocanada de aire, hablé. Esa voz. Esa voz la reconocería en cualquier parte. Ligera, con un poco de aspereza al final dijo lo que hacía
días necesitaba escuchar. Pero ya no estaba tan segura de ello. ‘En el lugar de siempre’, terminó de decirme y luego el resonante sonido de una llamada finalizada. El teléfono cayó a
mis pies y lo único que lo sostenía era aquel cable de rulo pero no impidió el golpe y posterior rotura del plástico. Tomé un abrigo y luego de dar la última mirada a la pequeña casa apagué la luz, cerré aquella pesada puerta azul y desaparecí tras ese velo del sol escondiéndose detrás de las montañas. Ya a una distancia lejana de aquel lugar tan familiar que desaparecía entre los árboles, noté que no había juntado nada de la mesa. Probablemente aquella comida estaría allí por mucho tiempo.
Caminé horas quizás, interminables. Aquel lugar al cual tenía de memoria por tantos sueños, tantos viajes, iba a ser por fin el último. Playas largas, el agua golpeaba ferozmente contra la orilla y algunas gotas saladas golpeaban mi rostro. Un desierto contiguo y una mixtura infinita de parajes, la arena con sal y conchilla se había convertido en un espeso médano sin horizonte alguno, caminaba pero mis pies se hundían cada vez más. El sol ya había salido y estaba en su punto más alto. Gente a lo lejos caminando, escuchaba sus voces resonando pero mientras más corría, más se alejaban. Un ruta a lo lejos con agua parecía, pero al correr hacía aquel
charco se alejaba aún más y noté que era sólo el reflejo del sol o mi mente engañándome otra vez. Tenía mucha sed y el día se convirtió en noche otra vez.
Quería volver a aquella playa pero sólo escuchaba olas a lo lejos o quizás era sólo el ruido del viento. De cualquier modo la ruta terminaba, el asfalto se volvía a tapar de arena y me adentre en el desierto nuevamente. A lo lejos, vi una entrada. ‘Busca la puerta’, me había dicho.
Y eso hice.
Corrí interminablemente, sentía que aquella apertura no se hacía grande todavía, corría pero aun así la veía lejos. Y de repente, la noche se volvió día y como si de alguna clase de magia se tratase, aparecí frente a ella. Roja con el marco del mismo color, en el medio de la nada. Sin pensarlo dos veces la abrí.
Nuevamente en el estar, la casa seguía igual pero con un poco de polvo. ‘Otro día será’, pensé y tomé asiento frente a la mesa. La comida estaba fría, pero yo tenía más hambre que nunca.

Cuando por fin terminé, levanté el plato y los cubiertos, pero al acercarme a la cocina el teléfono volvió a sonar.


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Etiquetas: puerta, fantasia, Fecha de creación: 2020-10-06
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